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Danzad, danzad, malditos

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  7,78 sobre 10. (Detalles)

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Danzad, danzad, malditos 

mensajeSab 09 Ene, 2010 7:49 am.

Begotten

3
Sexo:Sexo:Hombre

Danzad, danzad, malditos.

imagen

Director: Sidney Pollack


Año:1969

Musica: Johnny Green

Fotografia: Philip H. Lathrop


Reparto: Jane Fonda, Michael Sarrazin, Susannah York, Gig Young, Red Buttons, Bonnie Bedelia, Bruce Der.


Sinopsis:

En la Gran Depresión se montaban espectáculos que consistían en hacer bailar parejas de forma continua, día y noche, con sólo pequeñas pausas. La pareja que más tiempo resistía era la ganadora y recibía un premio en dinero. Gloria (Jane Fonda) y Robert (Michael Sarrazin) se conocen en ese lugar y deciden formar pareja. Están desesperados porque no tienen de qué comer. Mientras bailan al menos reciben comida, y si ganan podrán sobrevivir con el dinero del premio.

..............................................

Una pelicula que te provoca directamente, ver las rondas de baile, es casi como ver una pelicula epica.


Enlace al video en Youtube.com

 

 

mensajeSab 09 Ene, 2010 8:15 am.

Hoy por hoy la cuento entre mis 20 películas favoritas.

Sin duda uno de los mejores retratos del egoísmo y la mezquindad humana. Un film agobiante, desalentador, desesperado, desasosegante y demás "des-" donde los demonios que atacan a los personajes son sólo otros seres humanos.

Le sobran algunas escenas de la infancia del protagonista.

Un 9/10.

 

 

mensajeJue 04 Nov, 2010 6:58 pm.

DANZAD, DANZAD, MALDITOS

No pensé en la película cuando escribí el poema, pero inmediatamente después de corregirlo y darle vueltas como a una peonza, trate de acercarme al poema con los ojos de Sidney Polack, y a la película de Sidney Polack, con los ojos de un poeta. Es evidente que me refería al mundo presente y no a una época tan aciaga como la que retrato Polack, pero llevaba la película dentro, de eso no me cabe ninguna duda.

Fue realizada en 1969, protagonizada por Jane Fonda y Michel Sarrazin. Basada en la novela de Horace McCoy “They Shoot Horses, Don’t They?” está ambientada en los durísimos años de la Gran depresión americana acontecida tras el crack bursátil de 1929, desastre económico de dimensiones inmensas, que no sólo causó hambrunas en Estados Unidos, sino que extendió sus efectos al resto del mundo, siendo una de las causas ineludibles que explican la llegada del nazismo al poder en Alemania y la Segunda Guerra Mundial. De alguna forma, como sucede con algunos novelistas norteamericanos, la sombra de Walt Whitman planea incesante por las letras y el cine americano, y muchos de sus autores más sobresaliente han rastreado en sus obras los hechos fundacionales del país (ocurre algo similar con la excelente novela de Upton Sinclair -y reciente película de Paul Thomas Anderson- Pozos de ambición (There will be blood), que recrea el origen despiadado de las actuales compañías petroleras que han gobernado a su antojo durante la era Bush a la sombra de un presidente sin importancia. Extrañas alianzas que componen el principio de su historia y perviven en el presente: un batiburrillo complejo de religión, puritanismo, una concepción del dinero como expresión máxima de lo humano, un origen de violencia e involucionismo, compartiendo frágil equilibrio con la iniciativa personal, el respeto de lo individual o la lucha por los derechos humanos, el desarrollo tecnológico, el entusiasmo de una nación joven, o el dinamismo de una sociedad en apariencia menos rígida que la europea). Por las razones que fueran volví a ver la película y de nuevo me dejó mudo. La vigencia de la historia, a pesar de su relativa lejanía en el tiempo, es indudable. No sólo por la extraordinaria puesta en escena o el excelente trabajo de los actores, sino por la soberbia adaptación que Sidney Polack hizo de la novela de McCoy.

Se celebra un concurso de baile. Desde las primeras imágenes la farsa que se disponen a vivir un puñado de hambrientos personajes a la deriva se hace evidente, aunque la verdadera repercusión de lo que resulta anodino a primera vista se ira mostrando despacio a lo largo del relato. El maratón de baile invita a cientos de gentes que huyen de la Gran Depresión a inscribirse en el concurso atraídos por un premio en metálico que les puede permitir no sólo cumplir algunos de sus malogrados sueños sino llenar algún tiempo el estómago vacío. Alrededor de la desgracia humana se encienden las luces de neón, los focos. Un presentador eléctrico, sin escrúpulos, con la mirada perdida de ambición y desprecio, se erige como portavoz de una caravana insaciable de miseria. Todo los sucesos que van a acontecer serán transmitidos por la radio en directo; el espectáculo tiene que empezar a cualquier precio, construirse, extender su gloria, alcanzar el glamour y levantar el ánimo de esos otros cientos de miles de ciudadanos que sufren. Víctimas y verdugos; algunos en apariencia ajenos, indistinguibles entre sí, pero sólo eso, verdugos y víctimas inconscientes. Las víctimas participan y se mueven en torno al escenario, dominados por la vergüenza de la pobreza y la osadía del hambre, a punto de morir de ambición, anhelando aquello que no tienen. Todo les ilumina, pero los protagonistas no son ellos, sino la crueldad humana. El único de los personajes que no quiere estar allí (el encarnado por Michel Sarrazin, que se ve envuelto en la maratón por casualidad) es precisamente el que medirá todo cuanto va a suceder. Sin remedio, será su mirada -aunque no sea evidente- la que comprenderá no sólo hasta que punto todos esos hombres y mujeres están dispuestos a vender el alma por una improbable recompensa, sino también de qué modo el ser humano confunde a sus enemigos, o incluso que, en medio de la hostilidad, también es capaz en ocasiones de articular la solidaridad o el amor, o cómo el poder es tan oscuro y sin rostro, tan caótico, que ya no se pude distinguir, que no es más que la acumulación persistentes de seres heridos que miran el mundo sin emoción. Ni siquiera hay malvados, en la dura competición todo gira en torno a la victoria y ésta determina el fin, nunca el camino que uno emprende para llegar. No queda aire real para unirse. De hecho la mirada confundida no lo permite. Desde la tribuna se lanzan mensajes sobre la entereza y la superación humanas para deleite de los espectadores que acuden a la ceremonia con los ojos bien abiertos, que hacen apuestas sobre quiénes serán los ganadores, sin entender que su propia condición, lo que son en verdad, está en el foso, danzando como malditos hasta la extenuación o la muerte. Sidney Polack quiso con todas sus fuerzas que esa constancia fuera evidente. El esfuerzo de los personajes resulta tan inútil que lo más intenso que queda en el corazón al concluir la obra es esa extraña sensación de desasosiego y lucidez. ¿Hasta qué punto nuestros esfuerzos no son más que la dirección que algunos ciegos marcan por su interés? ¿Hasta qué punto nuestros deseos son en verdad nuestros? ¿Acaso no bailamos en la misma pista anhelando un premio improbable, una gloria pasajera construida de insolidaridad y dolor ajenos? ¿No es verdad que el pequeño traidor cotidiano que todos conocemos sería un ejecutor despiadado en Auswitch escudando su inmoralidad en el cumplimiento del deber? ¿En qué consiste nuestro deber en el fondo? ¿Tiene sentido una sociedad en la que unos disfrutan del sudor de la mayoría, y la mayoría apenas vislumbra a sus semejantes como el enemigo a batir, reunidos como borregos en torno a una absurda condición de rebaño, sin reflexión ni verdadera consciencia? ¿Dónde está el espíritu de unidad, la solidaridad humana? ¿Es posible poder afirmar que no somos más que miserables animales encandilados por la supervivencia y el premio?

Lo terrorífico de Danzad, danzad, malditos no sólo se percibe a lo largo de toda la película o la novela a través de las vidas que se van entrecruzando alrededor de la pista de baile, sino en el destino -que no revelaré- del personaje de Michel Sarrazin, quizá el único lúcido en todo momento. ¿Que respuesta dio Sydney Poalck-Horac McCoy al espejismo de esta inmensa parábola?. Quizá la dejó entrever en la afirmación de que el hombre no tiene semejantes, sino enemigos estúpidos condenados a matarse entre sí, o que la única escapatoria pasa por la huida o el desarraigo, por reinventar lugares donde poder respirar, por la construcción de espacios comunes a pesar de nuestra inmunda condición. De alguna manera en la última conversación entre los protagonistas uno alcanza a comprender por qué ha hecho ese largo viaje por el infierno, un infierno retransmitido para toda la nación sin los sucios adjetivos que se se esconden tras el escenario, ensordecidos por la grandilocuente narración del locutor, que obvia lo que en verdad ocurre en pos del espectáculo, la esperanza y los ingresos de publicidad de su programa.

No hay que olvidar que hace ochenta años un crisis bursátil fue uno de los desencadenantes de algunas de las matanzas más salvajes acontecidas en la historia del hombre. No es falso afirmar que la actual crisis tiene su origen en la propia idiosincrasia del sector financiero, cuyo poder acumulado ha sido de tal envergadura, que no ha cesado de generar mecanismos de protección inmundos, mentiras acumuladas, sin descanso, durante años, en un juego macabro de escondites fiscales, cotizaciones, falsas valoraciones, objetivos y previsiones de ingentes ganancias, dirigidas por hombres sin otro fin que enriquecerse, ajenos al devenir de la sociedad, al destino de la humanidad. ¿No es acaso esto mucho más inmoral que culpar a los que no afectan un ápice a nuestro destino aunque no sean inocentes?. Se puede aceptar el mérito como expresión de la habilidad para alcanzar el bienestar en la vida, lo que es intolerable es que los que deben ejercer su responsabilidad porque ya poseen los medios, los que ya tienen el poder de hacer y deshacer, pidan honradez y respeto por las leyes a los demás, o que recurran a ellas desesperados cuando su universo se tambalea, mientras violan un código tras otro, no sólo legal, sino ético. De nuevo la época castigará a los más débiles, a los que no pueden reaccionar. Tal vez sea el momento de pensar de nuevo cómo queremos que sea la vida futura, tenemos la experiencia del horror, la belleza de hermosas películas como ésta, los desgraciados acontecimientos, tan sanguinarios y horribles, sucedidos en el siglo XX. Quizá sea el momento de dejar de danzar como malditos y detenerse a mirar. De buscar palabras mas sabias que las nuestras, de interesarnos por comprender el trasunto de lo que vivimos sin necesidad de titulares en una pantalla.

Ya dijo el poeta que la vida iba en serio. Es posible que no podamos detener nada, que sea imposible modificar un ápice esos valores insostenibles donde hemos existido durante décadas. Quizá todo esté demasiado nublado para verlo.

“La gente es el último espectáculo”, decía el cartel norteamericano de la película.

Sidney Polack nació el 1 de julio de 1934 y murió en Mayo de este año.

No hay que olvidar que el título original de la novela de Horace McCoy, escrita en 1935, es “¿Acaso no se mata a los caballos?”. Si eso es posible, la sensación es que todo esta permitido.


Fuente: Link

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"Huesos rotos, botellas rotas, todo esta roto"
 

 

mensajeMar 26 Jun, 2012 3:58 pm.

TOMHAGEN

6
Sexo:Sexo:Hombre

La mejor película de Pollack, un retrato ácido de la crueldad humana, de la miseria y de la falta de expectativas. Tan triste como realista se ambienta en la etapa de la Gran Depresión y está muy bien dirigida y guionizada. Los actores estupendos, con una colosal Jane Fonda. El ambiente es claustrofóbico, los concursantes son como ganado como se comenta al principio del fin, y todo aquel que tiene sueños acaba destrozado.
Además el film debería ser de obligado visionado para los productores de telebasura, dirigentes de Tele 5, etc......

Muy buena.

 

 

mensajeJue 28 Jun, 2012 8:12 pm.

Un musical sarcástico excesivo donde se juntan muchas parejas para ganar un premio de 1500E,
Destripamiento:  (Pulse y arrastre sobre el recuadro si desea leer el texto.)
que al final resulta ser mentira
, bailar las máximas horas posibles y solo puede quedar una, y obviamente, pues van cayendo y llegando a la locura. Todo para criticar a la sociedad americana en la Gran Depresión. En su época daría que hablar, a mí me ha causado desesperación y aburre lo suyo, encima la copia de la biblioteca era mala y la imagen y sobre todo el sonido, las voces, había conversaciones que no se entendía, lo que sí me he tragado por desgracia es la voz del speaker que termina por cansar bastante y el repertorio de canciones sonando más de la mitad de la película, que dura 2 horas. Así que imaginaros. 4.

 

 

mensajeMie 10 Oct, 2018 12:02 pm.

Otra obra maestra de Pollack, juntamente con otras dos joyas de su filmografía como son Las aventuras de Jeremiah Johnson (superior en todo al film Bailando con lobos) listillo y Yakuza baboso

La novela de McCoy, es muy cortita, apenas 140 pgs, me parece magnífica, la adaptación cambia algunas cosas pero es muy fiel al espíritu de la misma, con apenas unas pinceladas poéticas en un contexto general muy oscuro y deprimente, vale la pena echarle un vistazo

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