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Johnny Guitar

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  7,97 sobre 10. (Detalles)

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Johnny Guitar 

mensajeMar 05 Sep, 2006 11:11 pm.

imagen

TITULO ORIGINAL Johnny Guitar

AÑO 1954

DURACIÓN 110 min.

PAÍS EEUU

DIRECTOR Nicholas Ray

GUIÓN Philip Yordan (Novela: Roy Chanslor)

MUSICA Victor Young

FOTOGRAFÍA Harry Stradling

REPARTO Joan Crawford, Sterling Hayden, Scott Brady, Mercedes McCambridge, Ward Bond, Ernest Borgnine, John Carradine, Royal Dano, Ben Cooper

PRODUCTORA Republic Pictures

Sinopsis: La maravillosa relación entre Vienna, la propietaria de un salón a las afueras de una ciudad del oeste americano y Johnny Guitar, un pistolero y antiguo amor con el que se reencuentra en momentos difíciles, constituye todo un clásico del género, realizado con el presupuesto de un film de serie B, pero que alcanzó un gran éxito de taquilla. Para el recuerdo, una de las frases más memorables que se han pronunciado en el cine: "miénteme: dime que me has esperado todos estos años" .

Crítica: Una historia de amor vuelve a renacer de las cenizas, entre una dura mujer establecida a las afueras de un pueblo donde no es bienvenida y un hombre errante con guitarra en mano con un pasado que trata de olvidar. Uno de los mejores westerns de la historia. Un 9/10

 

 

mensajeDom 17 Dic, 2006 6:05 pm.

Es increible, casi tres meses y nadie ha contestado a este pedazo de western como la copa de un pino. Para mi gusto la mejor película de Nicholas Ray, y una de las mejores interpretaciones (y mira que son unas cuantas) de Joan Crawford. Y Mercedes McCambridge está genial como mala malísima. Tiene un puñado de frases antológicas, y la que más me gusta, además de la que tengo yo puesta es esa que dice: "Miénteme, dime que me has esperado todos estos años ..."

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DANCING KID: ¿Te ayudo a hacer el equipaje? VIENNA: Tiré los baules cuando llegué a este lugar.
 

 

mensajeMie 17 Ene, 2007 2:07 am.

lluvia76

3
Sexo:Sexo:Mujer

Una de las mejores películas de la historia, absolutamente perfecta, tiene montones de diálogos geniales, interpretaciones inolvidables y escenas gloriosas.
Joan Crawford y Mercedes McCambridge están colosales.
Y la banda sonora es de las mejores que he escuchado nunca.

Un 10.

 

 

mensajeMie 17 Ene, 2007 2:45 am.

Gordo

9
Sexo:Sexo:Hombre

Me encanta esta película. La construcción de la historia es totalmente original contraponiendo dos estereotipos femeninos fuertes como protagonistas y motores de la historia, algo nada común ni en esa época ni en ese género. Johnny está estilizado, deja de ser un pistolero para convertirse en "El Pistolero". Aparte tenemos esa memorable escena de virtuosismo con el revolver, unos diálogos afilados y la mitificación de Johnny de la que hablaba antes. Magnífica.

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We know who you are and we know where you live and we know there's no need to forgive
 

 

mensajeDom 21 Oct, 2007 4:21 pm.

goklaye

3
Sexo:Sexo:Hombre

El personaje de Mercedes Mc Cambridge es la mujer más malvada de la historia del cine.... Mucho peor que Angela Channing, como dirían los Hombres G. risa

 

 

mensajeLun 23 Mar, 2009 3:40 pm.

TOMHAGEN

6
Sexo:Sexo:Hombre

Nunca conecté con este clásico. La estoica interpretacion de Hayden, un personaje importante cómo Crawford que se me queda corto, una historia épica desde la revolucionaria mirada de Ray que jamás cumple mis expectativas. Dicen que es poesía, pero me parece más un ejercicio de innovación y revisión del western que una película con la que pueda emocionarme. Gran decepción.

 

 

mensajeLun 23 Mar, 2009 11:19 pm.

Descoloca que dos mujeres manejen a toda la tropa de homenots tan propios del western.
Como anécdota, Mercedes Mc CamBridge dobló a la LInda Blair del Exorcista I. Tan demoníaca como en Johnny Guitar.
Refiriéndose a ese papel en Johnn Guitar, un crítico dijo que "era capaz de convencer a los propios espectadores".
Cinematográficamente, la larguísima secuencia del saloon del principio es magistral.

 

 

mensajeMar 24 Mar, 2009 2:59 am.

Syren

7
Sexo:Sexo:Mujer

Que enorme. ¿Por qué diablos no me recomendasteis esto cuando despotricaba del western como posesa? si hasta Eastwood ha encogido.

Rompedora la mires por donde la mires, ahí riete de Sin Perdón. Y del 50 y tantos, alucinante. Aparte de lo obvio (en contrariar el patrón) que es que dos mujeres soporten la carga de la película, también el hecho de construir secuencias tan atípicas recargadas de una especie de ópera trágica en cada mirada, sin caer en lo vulgar de forzarte a nada, siempre elegante es la consigna de esta película, ya sea a la hora de retar, sea a la hora de zurrarse sin ton ni son, sea a la hora de insultar elocuazmente, tanto da. Las caracterizaciones están trabajadísimas, tanto Vienna con su halo de mujer inalcanzable y fría, como Emma en su posición de mujer despechada y asqueada de si misma, tres cuartos de lo mismo para los varones, que ni siquiera Kid se encoge ante un papel de arrastrado sin ser por ello un indeseable. Muy currado. Además de un final soberbio (me salen las típicas palabras que suelo odiar cuando leo a algunos, pero no me salen otras xD) con ese plano-cuadrilatero, donde ellas son las que aguantan la parte más tensa en lo alto del "altar". Me encanta no solo el tratado del contenido, sino la formalidad de éste, hay algunas secuencias para enmarcar (aparte de citado) con bastantes lecturas. Es el caso de la espera de Vienna.

Avanzadísima en su época.

Pd: Estoy excitada! carcajada

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Soy daltónica, el café es negro, y el huevo blanco. Sácame de dentro
 

 

mensajeJue 26 Mar, 2009 2:05 pm.

La mirada que contempla el asalto a la diligencia, en el primer plano de la película, es la de un hombre cansado. Es un nómada que quiere echar el ancla y va en busca de su pasado. Como prueba de que ya no es el mismo, ha cambiado el revólver por la guitarra.
¿Es un símbolo? También podría serlo la escena siguiente. Apenas acaba de presenciar el asalto a la diligencia, cuando debe hacer frente a una tormenta y, para entrar en casa de Vienna, debe luchar contra el viento y el polvo. Pero, en esta película surcada por la violencia nunca sabemos si las cosas se muestran simbólicamente o bajo un prisma meramente novelesco. Éste es uno de los milagros de la película. Philip Yordan, guionista culto y hábil al mismo tiempo, la concibió probablemente como algo funcional y poético. La magia funcionó y las imágenes más sencillas alcanzan otra dimensión- gracias también a la puesta en escena y a la convicción de los actores protagonistas- y poseen auténtica fuerza poética.

Ese hombre que busca la paz sólo encontrará tempestades, ésas de las que quería huir y que siempre le han acompañado. En ningún momento, además, mostrará sorpresa, pues su resignación forma parte, en el peor de los casos de su fatiga. El aire que respira en el saloon le es muy conocido. Es el de las tempestades, porque no es un saloon como los demás. Pese a la tormenta, pese a la arena y a las botas llenas de fango, el lugar posee un orden y una pulcritud que casi podríamos calificar de sospechosos. Es un lugar totalmente atemporal, que, a cualquier hora del día, pertenece a la noche. Su misión es ser el templo de aquellos que sólo pueden vivir de noche. Cuando llega Johnny no hay ningún cliente, tan sólo los empleados, casi uniformes, en negro, dorado y verde. Sólo se oye un ruido, el de la ruleta que gira inútilmente, como en el vacío, porque no hay ningún jugador. Truffaut tenía razón al evocar a Cocteau y hablar de los croupiers y camareros como ángeles de la muerte.

Pero lo más impresionante es el ser que reina sobre este imperio: la propia Vienna. No vamos a dejar de hablar de ella en nuestros comentarios, pero debemos subrayar desde ahora mismo la presencia que inocula a la película desde las primeras escenas, con ese rostro tallado a la imagen del saloon, limpio, nítido, cuadrado, con algo de duro e inhumano. El uniforme blanco y negro es el que le corresponde. Tiene la voz seca de los que no ríen jamás ni son sentimentales, de los que detrás de una piel suave han acumulado sufrimiento. Ya sabemos que nadie la volverá a hacer sufrir sin recibir una réplica llena de vigor. También en esta película, el lugar de la acción queda perfilado en las primeras imágenes… y la tragedia está servida.

Pero si bien Johnny Guitar tiene una estrecha relación con el mundo trágico, no es un tragedia como bien ha demostrado Henri Agel. Sería más bien una ópera, una ópera de Verdi, del Verdi de Macbeth y de Otelo, del Verdi que abigarró el mundo de Shakespeare con sus colores barrocos. El que varias escenas de la película evoquen a Shakespeare, se debe quizá a Philip Yordan, quién durante toda su carrera vivió fascinado por el dramaturgo inglés. Recordemos que fue autor de una película policíaca titulada Joe Macbeth. Pero también a Nicholas Ray le gustaba indagar en el mundo de Shakespeare; así una de las últimas secuencias de Relámpago sobre el agua, recrea una escena del Rey Lear.

Y así llegamos a la entrada del coro, un coro temible, un número muy elevado de “intermediarios” negativos, vestidos también en colores sombríos, encabezados por una mujer, Emma, una joven que se muestra tan vehemente como Vienna dueña de sí misma. El enfrentamiento es inmediato. Cuando llega Dancing Kid y su banda, todo está listo para que estalle la tormenta. En este punto debemos mencionar la destreza e incluso la virtuosidad de Nicholas Ray. Esta secuencia, relativamente corta, suscita tal tensión que el espectador queda algo decepcionado al ver que no ocurre nada trascendente, aunque sirva para que nos enteremos de quien es Emma, quien es Dancing Kid, de su mala reputación y de que Emma le quiere (y está celosa de Vienna), de que el hermano de Emma ha muerto en el asalto a la diligencia, de que Johnny sabe tocar la guitarra, de que sabe servirse incluso mejor del revólver y de que, a falta de arma, sabe luchar cuerpo a cuerpo. Por último, escuchamos también que Vienna tiene veinticuatro horas para abandonar el saloon y el pueblo. Así queda justificada la presencia de Vienna en el banco en el momento del atraco a la mañana siguiente.

En estos pocos minutos, podemos establecer el esquema de cinco guiones:

1.- El destino de Emma desgarrado entre el odio y el amor.
2.- El destino de Vienna que creía haber encontrado su puerto de amarre. Le bastaba con esperar que se construyese el ferrocarril. ¿Sabrá esquivar los golpes de odio de Emma? ¿Es de verdad la amante de Dancing Kid?
3.- El destino de Dancing Kid y de su banda compuesta por un imbécil, un tuberculoso y un niño.
4.- ¿Qué ocurrirá con el saloon que nos ha sido presentado como un lugar casi sagrado, con sus empleados misteriosos y su pulcritud meticulosa?
5.- ¿Quién es el guitarrista contratado casi el mismo día en que debe cerrarse el saloon? ¿Qué hace aquí? ¿Por qué no lleva arma si sabe jugar con el revólver con el mismo virtuosismo que Nicholas Ray con la cámara?

Con estos cinco guiones podrían hacerse otras tantas películas. Yordan y Ray lograron combinar todos los elementos sin dar la prioridad a ninguno de ellos y sin caer en la confusión. Eso es lo más sorprendente. Si miramos con detenimiento, la película no está bien construida, pero funciona de un modo admirable. Todo se encadena como en una maquinaria bien engrasada, mientras que la puesta en escena es todo lo contrario, llena de interrupciones y cambios de ritmo, pero sin ninguna secuencia inútil, sin ninguna secuencia hueca. La película cojea y ese es su primer encanto. Realizada de forma académica, hubiese resultado banal. En pocas palabras, sabe sacar partido de su propia imperfección.

Cabe destacar asimismo que en esta breve secuencia de la presentación no hay alusión alguna al guión principal, al nudo de esta película desgarradora, a los amores de Vienna y de Johnny. ¿Había existido, como tantas veces se ha afirmado, una relación entre Joan Crawford y Nicholas Ray? Según la leyenda, tras su ruptura no se vieron durante tres años, hasta que coincidieron en el plató de Johnny Guitar. Es demasiado bonito para ser verdad, pero esta anécdota merecería ser cierta a la vista de la profunda emoción que aflora del reencuentro de los dos protagonistas. Unos segundos después de la escena en la que nos hemos explayado, nos enteramos de que los dos héroes tuvieron en el pasado una relación tormentosa, que Johnny se marchó y dejó a Vienna sola. Es ahora cuando la ve por primera vez desde ese día, que Vienna se ha convertido en una mujer amargada y no le oculta su rencor. A él, por su parte, le corroe la soledad y, un poco también, los remordimientos…

Ahí es donde se sitúa una escena asombrosa en la que Nicholas Ray nos muestra, a través del ejemplo, que el amor se alimenta continuamente de mentiras y que en esas mentiras está la verdad. Es una escena prácticamente inmóvil, citada miles de veces y que también nosotros vamos a citar, porque es imposible escribir un libro sobre Nicholas Ray sin reproducirla. Los lectores que, al igual que el autor, sean cómplices incondicionales del cineasta no perdonarían la omisión…

Uno frente al otro con la juventud tras ellos, rodeados de algunos recuerdos dolorosos y de otros igualmente tiernos (“Acuérdate, Vienna, estamos en la terraza del café X y me amas…”, dice también Johnny) De su amargura mana de pronto este extraordinario dúo lírico, una verdadera escena de ópera:

Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Dime una mentira, dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años…
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johhny: Dime que me quieres todavía, como yo te quiero.
Vienna: Te quiero todavía como tú me quieres.
Johnny: Gracias. Muchas gracias.

Este admirable diálogo (retomado por Jean-Luc Godard en El soldadito/Le petit Soldat y por André Téchiné en Barocco) es una de las declaraciones de amor más bellas jamás filmadas. Sin ayuda de la técnica, descubrimos en la mirada de los dos personajes, en el tono de su voz, que todos los años pasados se borran y que el amor sigue ahí como el primer día. El tiempo ha consolidado el amor y lo ha mantenido vivo, en lugar de relegarlo al olvido. Además, los dos han conservado el cariño por el otro. Todo puede empezar de nuevo. Y todo empezará sin que el espectador sepa nada más. Estamos al principio de la película y, desde ese momento, les veremos juntos y podemos suponer que han decidido recorrer juntos otro tramo del camino. Johnny salvará la vida de Vienna y, en el último plano, se marcharán reunidos definitivamente.

Luego, tenemos las demás “películas”. Se ha querido ver en Johnny Guitar incluso una parábola del antimacarthysmo, aunque eso sería sacar un poco las cosas de quicio. Si todas las películas que reflejan la estupidez de las masas fuesen obras antimacarthystas, deberíamos aceptar que se realizaron películas de este género mucho antes de que el siniestro senador se hiciese célebre. Lo que es cierto, en cambio; es que Nicholas Ray permanece fiel a sus temas. Ya hemos dicho que odia a las masas y a los linchadotes. Ya se refirió a ellos en La casa en las sombras; aquí los muestra en acción, en una misión innoble de la cual ilustrará otro ejemplo en 55 días en Pekín. En Johnny Guitar, obra de arte barroca, nos ofrece una secuencia sobria, sin ornamentos, sin dispensarnos de ningún detalle, el chantaje con la vida, la mentira, la cobardía (recordemos el relato de un linchamiento en Busca tu refugio)

El linchamiento es el punto de inflexión del personaje de Emma. Hasta entonces suscitaba compasión por su amor no correspondido, por las pocas alegrías que se permitía (Mercedes McCambridge está prodigiosa y goza literalmente ante las llamas que destruyen el saloon de Vienna). Su odio tiene algo de doloroso y no se lo reprochamos. Pero el odio acaba por sofocarla, pierde todo rastro de lucidez, suponiendo que algún día lo hubiese tenido. Este personaje termina por cansar a todos aquellos que la han seguido y que no pedían nada mejor que seguirla. Se esconden en la noche donde nadie pueda verles. Porque la noche de esta película de Nicholas Ray es la noche criminal, la noche de los cobardes que merodean libres por lugares peligrosos.

También debemos hablar de los demás personajes. De McIvers, a quien le gustaría saber hasta dónde hay que llegar, de Dancing Kid, ambiguo hasta el extremo de que nadie sabe si es bueno o es malo, sólo queda claro que no es estúpido, aunque para liarse con un imbécil como Bart Lonergan no se puede ser muy astuto. Nos encantaría hablar de Tom, el maravilloso criado a quien John Carradine presta su silueta aristocrática y que morirá por lealtad. Y luego están Johnny y Vienna que guardarán su misterio hasta el último plano. Sabemos que los dos son competentes en el oficio que han elegido, pero también son frágiles y vulnerables, y que es muy fácil herirles en el alma. Una de las grandes fuerzas de la película es precisamente que podemos soñar con todos los personajes porque no les conocemos de verdad.

Y soñar… ¡vaya si soñamos! El fuego destruye el saloon de Vienna, pero el agua la salva, mientras que la tierra es fatal para Kid y su banda pues las obras de la compañía de ferrocarriles les impiden huir. Casi podríamos hacer una lectura completa de Johnny Guitar en función de los elementos naturales. Y soñamos en color. En esta película, dominada por el rojo y el negro, donde el ocre de la tierra se combina con el dorado de las llamas, donde los exteriores parecen recreados en el estudio (es cierto hay numerosos telones pintados), mientras que el saloon, quizá debido a la importancia para los personajes, transmite una impresión muy fuerte de realidad; en esta película, decíamos; existe una sinfonía de colores vivos, de una viveza equiparable al paroxismo de los sentimientos de los protagonistas. Además de la violencia de los hechos, la propia retórica de la imagen encierra una violencia de líneas, de trazos y de colores. Todo, hasta la mínima prenda de vestir, ensalza el destello poético de este western crepuscular y resplandeciente al mismo tiempo.

No hemos agotado todavía las riquezas de esta obra que, después de verla más de cuarenta veces, nos transmite un placer intacto. Pero si tuviésemos que destacar una imagen, sería la de Vienna y Johnny en el carro. El pueblo está vacío, todos se han congregado en el entierro del hermano de Emma. La pareja vive unos instantes de paz que serán los últimos. Unos minutos después, Kid irrumpe con su violencia… Esta imagen de dulzura es la de dos guerreros extenuados que por fin creen haber alcanzado la paz. En los últimos planos, siguen juntos, pero ya les ha abandonado la paz. Han vestido de nuevo su traje de nómadas…

Fuente: Nicholas Ray (Jean Wagner, Cátedra Signo e Imagen/Cineastas)

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"Huesos rotos, botellas rotas, todo esta roto"
 

 

mensajeSab 23 Ene, 2010 5:51 pm.

Creo que lo esencial en esta película es que Ray sabe cómo filmar en cada momento, en una escena de amor la cámara acaricia a los personajes, en una escena de acción la cámara es seca y dura.
La mirada cansada de Hayden que menciona theocsummer no es sólo la mirada de Hayden, que también, sino cómo Ray la registra.

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La historia del cine es más grande que la del resto porque se proyecta.
 

 

mensajeDom 24 Ene, 2010 5:48 pm.

La gente alucina con esta peli.
No sé a quién oí decir (leí a algún crítico cinematográfico) que tenía la impresión/imagen de que Ben Cooper, el jovencito de la banda, cuando se refugia en saloon de Viena y viene la turba a por él, salía de debajo de las faldas de ella (estaba escondido debajo del piano o de una mesa, no me acuerdo).

 

 

mensajeJue 01 Sep, 2011 9:03 pm.

¡ Qué suerte he tenido !. Resulta que anoche cogí una y no se veía, y hoy he ido a devolverla, y estaba dudando en coger otra distinta porque pensaba que no me iba a gustar...Menos mal que he vuelto a cogerla, había 4 en la colección de la biblioteca y... habiéndome decepcionado innumerables westerns, supuestamente los mejores de la historia, como Río rojo ( Río bravo sí que me gustó bastante ), Solo ante el peligro, La diligencia, El hombre que mató a Liberty Valance, Tambores lejanos... me encuentro con esta obra maestra del western, perfecta, los mejores diálogos que he escuchado en una película junto a Pulp Fiction ( un 10 para el traductor del doblaje, sin él no hubiera sido lo mismo ), una historia inmejorable, actuaciones perfectas también, silencios cuando no había nada que decir. Para mí es, el mejor western de la historia, junto Grupo salvaje, La balada de Cable Hogue y Pat Garrett y Billy the kid: estos son posteriores y no entiendo pero creo que los llaman crepusculares. Este es el western perfecto. Tengo que ver aproximadamente 20 películas para poner un 10, hoy ha sido mi tarde. Ya era hora ( y pensar que hace 3 horas estaba dudando y estaba dispuesto a coger otra... ). Quizás nunca la hubiera visto... Nota: 10.

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- Si hubiera tiempo me ajustaria esto. Lo llevo muy ceñido al pecho.

(El Señor de los Anillos: Las Dos Torres)

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