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El sabor de las cerezas

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  8,06 sobre 10. (Detalles)

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El sabor de las cerezas 

mensajeMar 02 Ene, 2007 10:25 pm.

El sabor de las cerezas

imagen

TITULO ORIGINAL : Ta'm e guilass
AÑO : 1997
DURACIÓN : 98 min.
PAÍS : Irán
DIRECTOR : Abbas Kiarostami
GUIÓN : Abbas Kiarostami
MÚSICA : Música popular iraní
FOTOGRAFÍA : Homayon Payvar
REPARTO : Homayon Irshadi, Abdolrahman Bagueri, Safar Ali Moradi, Afshin Khorshid Bakhtiari


Sipnosis :

Describe la búsqueda de un hombre de mediana edad, cansado y desesperado, de alguien que le ayude a consumar su suicidio.
A lo largo del viaje que efectúa por las colina de Teherán, van cruzándose en su vida diversos personajes : Un soldado Afgano, un seminarista Kurdo y un empleado turco del museo de historia natural.
A todos les pide ayuda para cumplir su fin, pero sólo conseguirá respuestas que tratarán de disuadirle de su objetivo.


Opinión:

Me ha parecido todo un acierto comprarme está película, la escogí al tun-tún. Me atrajo la historia, que me pareció muy sencilla y además tenía ganas de algo de este director Iraní.
Creo que es la última así que, es mi primer contacto con este director.
Me ha de sorprendido la sencillez de la historia y el trasfondo filosófico sobre, el derecho a morir y sobre todo el derecho a acordarse de las cosas que merecen la pena. Y la fotografía, tan cálida y áspera.

Al principio el hombre me agobiaba, no hablaba no decía nada. Sólo iba en su coche dando vueltas por la ciudad. De vez en cuando se paraba al lado de un grupo de personas y las miraba de arriba abajo, no decía absolutamente nada. Pero parecía que buscaba algo y me trasmitía un desasosiego hasta molestoso. La gente cuando paraba a su lado le decía.
-¿necesita peones?
Él no soltaba palabra y sólo arrancaba el coche y se dirigía a otro grupo de personas. Me desconcertaba y estaba desesperándome porque gesticulará alguna palabra o pasará alguna acción que le diera sentido...
Al final paró junto a un joven, un soldado iraní, pero de procedencia kurda. Ambos charlan sobre cosas insustanciales, sobre todo hablaba el hombre mayor, el soldado sólo soltaba monosílabos. Cuando deciden dar una vuelta y se dirigen a una especie de desierto en mitad de la ciudad de Teherán, y le comenta al joven que necesita su ayuda para darle decencia a su muerte.
La reacción del joven fue brusca y tosca. Sin mediar palabra se fue.
El hombre trasmitía tal agobio, miedo, prisa...
El siguiente personaje que se encuentra es un religioso Afgano. El hombre le dice que no necesita sermones, ni necesita a "Alá" ni nada por el estilo. Sólo necesita sus manos para darle la dignidad que necesitan.
Ambos hablan sobre las leyes morales del Islam, muy por encima. Pero muy revelador sobre los dogmas (y pensé en ese momento que la iglesia católica es exactamente igual ante este tema) islámicos. Sólo son palabras repetidas, sin sentido, sin aplicación real y práctica a los problemas actuales de los musulmanes (eso creo).
Tiene tantas ansias, que le ofrece de todo sólo por ayudarle a tener una muerte digna, pero el hombre religioso no cedía ante el sufrimiento del protagonista y sólo repetía "Alá dice...".
Por último aparece un hombre mayor, un viejo que al contrario que los otros personajes. Su voz y sus palabras se notan más sinceras y claras.

En general me parece una película fresca para los tiempos que corren, con mucha sencillez, con una profunda y escondida reflexión trascendental sobre los motivos más sencillos y pequeños que nos hacen apreciar la vida. Fomentando la esencia de la vida y la razón sobre la desaprensión y los dogmatismos religiosos. Humilde y de colores calidos, que te anestesian, te hace pensar sin una lectura rotunda, cediendo a los espectadores la visión que cada uno prefiera.

También, cuando termina la película te entran unas ganas enormes de saborear “cerezas”… feliz

 

 

mensajeMar 02 Ene, 2007 10:41 pm.

Emir

7
Sexo:Sexo:Hombre

Una de las grandes obras de Kiarostami (aunque mi preferida es A través de los olivos jeje).

_______________________
Je lui dis que mon coeur est comme un grand sac vide...
 

 

mensajeMar 02 Ene, 2007 11:18 pm.

Magistral, de lo mejor de los 90.

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El gran problema del cine es dónde y por qué comenzar un plano y dónde y por qué terminarlo (JLG)
 

 

mensajeMie 22 Ago, 2007 8:42 am.

"Qué bello puede ser morir!
Película no apta para impacientes, El sabor de las cerezas significó allá por 1997 la consagración mundial del realizador iraní Abbas Kiarostami. Obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes —ex aequo con La anguila (Unagi, 1997), de Shohei Imamura—.

La vi en Palma de Mallorca, en una señora sala (seguro que ya ha cerrado sus puertas), y solo. Al decir solo me refiero a que era el único espectador del pase. Mi pasión cinéfila era incipiente, y las sensaciones que experimenté estaban acordes con el ambiente. Me dejó un poso de pena, como si me hubieran abierto en canal y extraído los órganos vitales. Esa noche soñé que el señor Badii se levantaba al alba en un jardín lleno de cerezos.

Pero dejémonos de traumas personales y hablemos un poco de la película que nos ocupa. Acompañamos al Sr. Badii (Homayon Ershadi) en el asiento de copiloto de su coche. Anda buscando algo, paciente e inquieto al mismo tiempo. Hombres ociosos se le acercan: «¿Quiere obreros?». Parece que no es lo que busca. A continuación un jardinero le mira con cara de bobo; el señor Badii suspira y reanuda la marcha. Siguiente encuentro: unos niños jugando; falsa alarma, no quiere nada de ellos. En esto que ya hemos llegado a las afueras de la ciudad y le hace una proposición a un hombre: «Si tienes problemas de dinero puedo ayudarte»; la respuesta: «O te marchas o te rompo la cara».

Llegados a este punto no sabemos quién es este señor ni qué pretende. ¿Un maestro de obras? ¿Un pederasta? ¿Un salido en busca de alivio? Nada de eso, la conversación con el primer pasajero —un joven soldado kurdo (Safar-Ali Moradi)— deshace el equívoco mental. Lo único que quiere es contratar a alguien para un trabajo sencillo. A saber, esa misma noche se tomará un frasco de somníferos y se tumbará en un agujero excavado a tal efecto. A la mañana siguiente, el afortunado asalariado deberá despertarle. Si lo logra obtendrá su paga. De no lograrlo, deberá echar unas paladas de tierra encima de su cadáver y recoger el dinero del coche. Así de simple.

El tema central del film se establece en la conversación entre el taxidermista y el conductor suicida. Se nota que el hombre con mostacho de morsa ha vivido mucho. Cuenta que hace años también tuvo deseos de quitarse la vida, pero unas moras (el fruto de la morera, no nos confundamos) le salvaron la vida. Entonces redescubrió que hasta por un simple fruto (sean moras o cerezas) vale la pena seguir vivo. Aquí Kiarostami abona su tesis de la doble elección ante cualquier problema —ya presente en su cortometraje Dos soluciones para un problema (Do rah-e hal baray-e yek masale, 1975)—. Todo depende de la mirada y la forma de pensar que se aplique al dilema en cuestión.

Después de transitar senderos que serpentean, zigzaguean y se bifurcan, el señor Badii echa el freno y contemplamos juntos una puesta de sol. El tono rojizo de la tierra se junta con el del cielo, en una imagen de un bucolismo rompedor. Tal vez merece la pena seguir adelante, aunque sólo sea por extasiarse con esta imagen. Pero sin solución de continuidad se avecina tormenta, y el señor Badii sigue con su plan. Suponemos que coge las pastillas de su casa y se dirige a su tumba; se acomoda en ella y cierra los ojos. Lo que sigue son los dos minutos más sobrecogedores de los últimos tiempos: un fundido a negro y el sonido de la lluvia remojando el terreno.

Suicidios o intentos de suicidio ha habido muchos en la historia del cine (1). Motivaciones hay miles si lo que se quiere realmente es quitarse uno la vida. Pero a Kiarostami no le interesan esas razones. No sabemos si sufre trastornos mentales, si ha perdido a alguien allegado, si ha abusado de sustancias o han abusado de él. Eso importa poco. Es como querer averiguar quién graba las cintas de vídeo de Caché (íd, Michael Haneke, 2005), una tarea inútil. Lo trascendental aquí es meterse en la piel del interlocutor de turno del señor Badii. El soldado alega no conocer el oficio de enterrador —aunque podríamos quitarle la máscara y descubrir un ser aterrorizado ante la propuesta—; el seminarista (Mir-Hossein Nuri) aduce argumentos morales: «El Corán dice que no deberías matarte a ti mismo» —y la Biblia, ¡no te fastidia!—. Más fácil hubiera sido contratar a un sepulturero o precipitarse con el coche por un terraplén y asunto zanjado. Kiarostami pretende con ello implicarnos en la situación. ¿Enterraría usted a alguien a cambio de dinero? ¿Y si resulta que no estaba muerto sino simplemente durmiendo?

Distinta tesitura se presenta si usted se identifica con el protagonista. Busque ayuda, ingrese en un psiquiátrico si hace falta, o suicídese directamente, pero no perturbe la dicha de los que le rodean. Quizá lloremos una temporada, pero se lo agradeceremos infinitamente."

Fuente: Miradas

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"Huesos rotos, botellas rotas, todo esta roto"
 

 

mensajeVie 11 Mar, 2011 1:59 am.

Benata

3
Sexo:Sexo:Mujer

Magistral, poética, reflexiva, introspectiva... Kiarostami nos pasea por los senderos de la vida a través de esos tres hombres que son persuadidos por el conductor para que lo ayuden a suicidarse... El final, sin palabras.

_______________________
El mediador entre las manos y el cerebro es el corazón
 

 

mensajeLun 19 Dic, 2011 10:41 pm.

Cuando ves una que te gusta y el final no lo entiendes, se te queda cara de tonto. Pues esta es mi cara ahora.
Destripamiento:  (Pulse y arrastre sobre el recuadro si desea leer el texto.)
¿ Muere, y los 2 minutos finales con el pelotón que van a grabar sonidos para una peli, es su sueño eterno ?. No le veo otra explicación.
A la espera de la respuesta para puntuarla.

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