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IV Edición [2007] Cartas desde Iwo Jima

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IV Edición [2007] Cartas desde Iwo Jima 

mensajeMie 07 Mar, 2007 10:52 am.

Gracias Mr. Eastwood: jamás los vencidos habían sido tan vencedores

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Banderas de nuestros padres es una película dura, rodada con sobriedad y templanza, virtudes con las que sólo un director como Clint Eastwood sabe trabajar a la perfección en pleno 2006/2007. La primera parte del díptico sobre la encarnizada y sangrienta batalla de Iwo Jima no es un filme bélico, es un filme crítico, mordaz y extrapolable a la actualidad. En 1945 el gobierno estadounidense vendía a tres soldados como héroes de guerra que no eran ("los verdaderos héroes están muertos en esa isla", se dice en el filme) con el fin de recaudar fondos para una guerra que ya estaba ganada pero no sentenciada. En 2007, por poner un ejemplo, las grandes discográficas nos venden a artistas musicales como modelos de vida, cuando esos mismos artistas son los que luego se drogan después de cada concierto. El ejemplo del artista musical se puede trasladar al mundo de la moda o del deporte, junto con muchos otros ámbitos. En 1945 necesitaban héroes. Y se los daban. En 2007 necesitamos héroes. Y nos los dan. Con Banderas de nuestros padres, Clint Eastwood quería denunciar a esos héroes que no lo son y, la verdad, lo ha conseguido con magníficos resultados. Pero la visión americana de la batalla de Iwo Jima tenía un único problema: para disparar ese dardo, Eastwood sacrificó algo que se echaba en falta en el filme, la humanidad de sus personajes. No es que fueran malos personajes, eran bastante profundos (sobretodo Ira), pero eran algo distantes, hecho que provocaba que la conexión con ellos fuera algo difícil.

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Pero, gracias a Dios, Clint Eastwood tuvo una idea. ¿Por qué no rodar la misma batalla, la de Iwo Jima, desde dos puntos de vista? ¿Por qué no dar voz a los vencedores (los americanos) y a los vencidos (los japoneses) en dos películas distintas? Y a sus 77 años, el "viejo" decidió que llevaría a cabo ese doble proyecto. Decidió que los muertos también tenían derecho a hablar. Decidió aquello que tan pocos consiguen en el cine, y mucho menos en los tiempos que corren. Decidió innovar. Decidió hacer algo que nadie hubiera hecho antes. Y se puso manos a la obra. Y lo ha logrado. Vistas las dos películas, sólo puedo decir una cosa: bravo, bravíssimo. El fresco que Eastwood ha realizado sobre Iwo Jima es imponente, impresionante, es insuperable. Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima se complementan a la perfección. Pero si me preguntan con cuál de los dos filmes me quedo, cuál me ha gustado más, no lo dudo un segundo: Cartas desde Iwo Jima. La voz de los vencidos es más potente que la de los vencedores, los japoneses vencen, paradójicamente, en todos los frentes que pueden tenerse en cuenta a la hora de valorar una película. Cartas desde Iwo Jima es, para mí, no sólo una obra maestra, sino también la mejor película bélica que he visto en mi vida.

Sé que esta introducción es algo larga, pero he encontrado preciso hablar brevemente de Banderas de nuestros padres y, a la vez, decir cuál de las dos visiones de la batalla de Iwo Jima me ha gustado más. A partir de aquí empieza la crítica de Cartas desde Iwo Jima.

La película empieza con un "flashback invertido" que nos lleva a 2005, cuando unos científicos japoneses encuentran en la isla de Iwo Jima un paquete enterrado. Entonces, Eastwood traslada al espectador al mismo lugar, Iwo Jima, pero en una época distinta, el año 1945. Los soldados japoneses están preparándose para la batalla que va a tener lugar en la isla contra las fuerzas norteamericanas que cada vez están más cerca. Las tropas niponas están esperando al nuevo general encargado de la defensa de la isla, Tadamichi Kuribayashi. Saigo, un joven panadero, está cavando unas trincheras en la playa junto a algunos compañeros para el momento en el que éstas deban ser defendidas. En pocos minutos, Eastwood ya nos ha presentado a dos de los personajes principales del filme, e incluso nos da algunas características de su personalidad (las primeras frases de Saigo o lo que decide hacer Kuribayashi para inspeccionar la isla). El tercer protagonista, el barón Nishi, aparece algo después de forma muy acorde a su personaje. Luego me extenderé en cada uno de los protagonistas y las interpretaciones pertinentes.

Sin embargo, comentaré ahora el desarrollo del filme. Leía en el tema de Banderas de nuestros padres de este mismo foro, que si algo es Clint Eastwood es un gran narrador de historias. En Cartas desde Iwo Jima lo demuestra de forma impresionante, mereciendo este calificativo de forma indiscutible. Eastwood cuenta la historia de los vencidos tal y como los vencidos la contarían en la actualidad. Con respeto y, hasta cierto punto, admiración, con la calma y la sobriedad que caracterizan a alguien con años de experiencia en el cine, sin prisa pero sin pausa, pero también con una fuerza dramática, un poderío narrativo y una capacidad crítica, tanto con los nipones como con los americanos, que, con mucha probabilidad, sólo un realizador tan excelente como Eastwood podría infundirle a la película. Cartas desde Iwo Jima no tiene un ritmo trepidante, ni falta que le hace. Se desarrolla de forma natural, con calma en las escenas calmadas y con presteza en las escenas bélicas o que requieren un ritmo más acelerado. Es decir, está narrada de forma que alguien que viera la película y no supiera nada de ella podría pensar fácilmente que se trata de una producción totalmente japonesa, ya que cinematográficamente no parece para nada una producción norteamericana.

Pasaré ahora a comentar el aspecto que, para mí, es el más destacado de la película: su humanidad. El que quizá era el punto más criticable de Banderas de nuestros padres se solventa aquí con maestría y sencillez. Si lloré viendo Cartas desde Iwo Jima no fue porque sí. Hacía muchísimo tiempo que no lloraba al ver una película en el cine por primera vez. Y no pude evitarlo. Sobretodo en la parte final. No podía retener las lágrimas. Ni yo me lo creía. Me esperaba algo grande, pero no tanto como para emocionarme hasta tal punto. Fue como un puñetazo en el alma. La cinta de Eastwood tiene una calidad humana de altísimo nivel. Es emotiva, que no sentimentalista. Es vibrante, que no estrepitosa. Es filosófica (tanto en el fondo como en la forma), que no grandilocuente. Es clásica, que no anticuada. Lo que sentí viendo Cartas desde Iwo Jima me salió del corazón, de forma espontánea. Estaba alucinado. Tanto por el tratamiento de los personajes como por el tratamiento de los temas que aparecen en la película, ambas cosas se exponen y desarrollan con una humanidad y una naturalidad alucinantes. Cartas desde Iwo Jima nos habla del honor, del amor, del deber, de la muerte y de la vida, del valor, del instinto de supervivencia, de la guerra pero también de la paz, de la patria, etc. El filme es un gran fresco en el que los grandes temas que han preocupado al hombre desde siempre son puestos sobre la mesa de forma humana y creíble, porque Eastwood nos plantea diferentes visiones o perspectivas de un mismo tema. Por ejemplo, el honor no es visto de la misma forma por el general Kuribayashi que por Saigo. Ambos tienen concepciones de honor distintas. El director no dice cuál es buena o mala, simplemente plantea y muestra las diferentes visiones del mismo aspecto y deja al espectador la capacidad de juzgar, algo que sin duda se agradece. Los temas planteados aparecen en el filme o bien a través de las cartas que personajes como Kuribayashi o Saigo escriben a sus familias, o bien a través de las situaciones que los personajes van viviendo durante la batalla, centrándose sobretodo en las vivencias de Saigo en las cuevas excavadas en Iwo Jima para defenderse mejor, y en las experiencias del general Kuribayashi en el puesto de mando desde el que dirige la defensa. Tanto si es a través de las cartas (narradas con una perfecta voz en off) como de las propias situaciones, todo está desarrollado de forma que encaja a la perfección en el conjunto, por lo que nada desentona en ningún momento. Los flashbacks, añadidos con cuentagotas, no hacen sino perfeccionar la película, ya que todos ellos son absolutamente imprescindibles para entender tanto la historia como a sus personajes. Como antes he dicho, Cartas desde Iwo Jima se caracteriza por ser un filme extremadamente humano, y en el que todo se desarrolla de forma natural y realista, creíble al 100%.

Esa humanidad que el filme refleja tanto en los temas que trata como en cómo los trata, se traslada también a los personajes de la película. Los personajes de Cartas desde Iwo Jima son extraordinariamente humanos, son extremadamente reales y creíbles y es facilísimo identificarse con ellos desde el primer momento. Si a la humanidad de los personajes le sumamos su profundidad, nos encontramos ante algo realmente grande, ante algo memorable, ante algo que no pasará sin pena ni gloria por la historia del cine. Porque los soldados japoneses que Eastwood ubica en Iwo Jima sienten, sufren, piensan, aman, disfrutan, lloran, etc. Desde mi punto de vista, Cartas desde Iwo Jima posee uno de los mejores grupos de personajes de la historia del cine bélico, y también del cine moderno en general. A la grandeza de los personajes se une el hecho de que están genialmente interpretados en su totalidad, empezando por el grandísimo Ken Watanabe en el papel del general Tadamichi Kuribayashi. Pasaré ahora a comentar tanto los personajes como las interpretaciones de los que son los tres protagonistas de Cartas desde Iwo Jima: el general Kuribayashi, Saigo y el barón Nishi.

El general Tadamichi Kuribayashi, artífice de la heroica resistencia japonesa que duró 40 días cuando los norteamericanos calculaban que en 5 días tomarían Iwo Jima, es presentado como un hombre de honor, de ese honor japonés que pasa por la muerte antes que por la rendición, de ese honor que rige la filosofía de vida nipona, de ese honor para con la patria y sus objetivos (“¿No son los mismos?” dice Kuribayashi refiriéndose a sus propios intereses y a los de su país). Él cree en el honor, en que se debe vivir, luchar y morir con honor. Pero, como hombre inteligente que también es, no cree que la muerte sea la primera opción ante los contratiempos. Su deber es defender esa isla hasta que no quede un solo hombre en pie, y no permitirá que eso sea pasado por alto bajo ningún concepto. Pero Kuribayashi también es alguien extremadamente sensible y humano, se preocupa por sus hombres, se preocupa por enviar cartas a su familia para hacerles saber de su estado. La humanidad y profundidad del personaje se nos van revelando minuto a minuto, mediante pequeños hechos que dicen mucho más de lo que aparentan (como el hecho de que decida inspeccionar la isla a pie nada más bajar del avión al principio del filme) o también a través de las cartas que el general escribe a su familia, en las que nos muestra cómo Kuribayashi combina a la perfección el amor hacia su familia con el amor hacia su patria. Esa humanidad y profundidad de Kuribayashi se deben, en gran parte, a la soberbia interpretación de Ken Watanabe. Es algo realmente fuera de lo normal. La mirada sosegada y tranquila pero a la vez determinada, los gestos fuertes pero a la vez naturales, la expresión, estoica y firme en todo momento, pero humana y comprensiva con los suyos y, lo que es más importante, con el enemigo. Watanabe dota al general Kuribayashi de la profundidad y humanidad suficientes como para que el espectador entienda que ese hombre sabe perfectamente dónde está, pero que acepta su destino, y que no culpa a nadie por tener que dirigir la titánica resistencia nipona de Iwo Jima. Tadamichi Kuribayashi merece pasar a la historia del cine como uno de los mejores personajes que el séptimo arte ha dado en los últimos años.
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Junto a Kuribayashi encontramos, con casi el mismo protagonismo en la película, a Saigo, un panadero al que se obliga a ir a la guerra. Alguien arrancado de los brazos de su esposa embarazada. Saigo, el otro personaje al que vemos escribir las cartas que dan título al filme, representa a todos aquellos soldados que fueron enviados a un destino que no deseaban a luchar por algo que no les importaba. Saigo da voz a los muertos de Iwo Jima. Y no tiene nada que envidiarle al general Kuribayashi en cuanto a humanidad, siendo su superior algo más profundo como personaje. Saigo sufre, sufre porque se encuentra en un lugar del que desea marchar, porque ha abandonado todo lo que le importaba para ir a Iwo Jima, a luchar sin saber si vivirá. Pero Saigo realiza un viaje interior y a la vez físico, tal vez el mismo viaje que Kuribayashi realizó mucho tiempo antes que él. A través de las vivencias de Saigo en Iwo Jima y de las cartas que éste escribe a su mujer, nos damos cuenta de cómo el honor y el sentido del deber van creciendo en Saigo. Pero, de la misma forma que Kuribayashi, son un honor y un sentido del deber inteligentes, no son algo irracional. Saigo nos muestra, al igual que Kuribayashi, que el sentido del honor y del deber y el sentido común no son incompatibles, y a eso les suma el afán de supervivencia movido por el amor a su mujer y a su hijo no nato (el flashback de Saigo y su mujer Hanako es una escena realmente emotiva y preciosa). Es en este punto donde aparece la gran sorpresa de la película: Kazunari Ninomiya. Cuando me enteré de que es un famoso cantante de pop en Japón me temí lo peor. Que su interpretación no estuviera a la altura de la película. No ha sido así para nada. Ninomiya realiza una interpretación que no hace más que elevar la calidad que su personaje tiene gracias al magnífico guión del filme. Todas sus miradas, expresiones y gestos no hacen más que resaltar las características que su personaje posee. La interpretación de Ninomiya ha sido una sorpresa realmente agradabilísima.
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El tercer personaje que voy a comentar se trata del barón Nishi, un campeón olímpico que decide acudir a Iwo Jima para la batalla. Podría definirse a su personaje como el puente entre Kuribayashi y Saigo. Es una especie de mezcla entre los dos. Tiene el honor y el sentido del deber del uno y la sencillez del otro, y la profundidad y humanidad de ambos. Pero eso no significa que sea el mejor personaje de Cartas desde Iwo Jima, ya que más bien sirve como una especie de lazo conector entre Kuribayashi y Saigo, por lo que no posee ni tanta humanidad ni tanta profundidad y matices como los otros dos protagonistas. Aún así, es un personaje de lo más necesario y fundamental en la historia, tanto en su devenir argumental, como en su contribución a la calidad cinematográfica del filme, llegando a pronunciar una de las mejores frases de la película y a protagonizar uno de los momentos que, visualmente y cinematográficamente, tienen una grandísima carga emotiva, poética y dramática. Como en el caso de los otros dos protagonistas (y, de hecho, como el resto de personajes del filme), el barón Nishi está soberbiamente interpretado por Tsuyoshi Ihara, quien dota a su personaje de la fuerza y vitalidad que Nishi posee por el hecho de ser un campeón olímpico, así como de mucha nobleza.
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Comentados los dos aspectos más importantes de Cartas desde Iwo Jima, su argumento (tanto a nivel de desarrollo como de los temas que trata) y sus personajes, pasaré a comentar, de manera más breve, los aspectos más técnicos de la película, comenzando por los aspectos visuales y la estética de la película. Cartas desde Iwo Jima es un filme que, visualmente, se trata de un auténtico poema. Todas y cada una de sus imágenes poseen un altísimo nivel de lirismo. La película es poesía cinematográfica. El poderío visual de las imágenes de la película es muy alto, y en muchas ocasiones se cumple el dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”. Pero es que las imágenes de Cartas desde Iwo Jima no solamente valen más de mil palabras, sino que además son bellísimas. Un ejemplo de esto es la escena de Saigo y el cubo o las últimas imágenes del filme. Y son sólo dos meros ejemplos. Esta estética poética se debe, en parte, a la excelente fotografía de la película. Mientras que Banderas de nuestros padres tenía una fotografía oscura y azulada, del color de la ceniza de Iwo Jima, Cartas desde Iwo Jima posee una fotografía de color sepia, del color de la arena, que transmite calidez, y que acentúa la proximidad de la historia que se nos está contando y de sus personajes. Esta fotografía consigue provocar una sensación de esa calma y ese sosiego tan característicos en la filosofía de vida oriental, en la que las cosas no se hacen con prisas. Además, el tipo de fotografía totalmente opuesto también le sirve a Eastwood para establecer una diferencia visual clara entre las dos partes de su díptico, que enfrentan no sólo a dos ejércitos, sino también a dos culturas y a dos formas de ver la vida totalmente opuestas.

Si bien en Cartas desde Iwo Jima no encontramos la espectacularidad del desembarco en la isla que sí había en Banderas de nuestros padres, los efectos especiales de esta segunda parte no tienen nada que envidiarle a los de su hermana, ya que al ser menos frecuentes en la película, impactan más y se centran más en los pequeños detalles que en espectaculares escenas bélicas, en el que es otro punto de divergencia entre Banderas... y Cartas...

Me gustaría, ya para terminar con la crítica, hablar de la música de Cartas desde Iwo Jima. La BSO de la película no es una gran BSO, eso es innegable, pero posee un tema principal, que es el hilo conductor de la música del filme, que es de los mejores temas musicales (por no decir el mejor) del año 2006. El tema principal de Cartas desde Iwo Jima es sencillo, unas notas a piano, sencillo como la misma película, pero bellísimo, inolvidable y evocador. Pura genialidad.

Y aprovechando la cercanía de la ceremonia de entrega de los Oscars, me gustaría decir dos cosas. La primera es que me encantaría que Cartas desde Iwo Jima se llevará el los Oscars a la mejor película y al mejor guión original. De las 5 nominadas, creo que es la mejor, la más humana y la más profunda. Cartas desde Iwo Jima es una obra maestra que está destinada a convertirse en un clásico del cine. Y, en parte, eso es gracias a un magnífico guión que no sólo construye una excelente película bélica que es, paradójicamente, antibelicista, sino también un gran fresco sobre los grandes temas que siempre han preocupado al hombre, y todo eso a través de unos personajes inolvidables. Lástima que es muy improbable que estos dos deseos míos acaben cumpliéndose.

Resumiendo, el “viejo” Eastwood vuelve a dejar al mundo de piedra cuando, a sus 77 años, demuestra que no todo está inventado en el cine al construir un díptico bélico que pasará a la historia del cine. Cartas desde Iwo Jima, la mejor parte del díptico, es una obra maestra que se convertirá en clásico, porque cinematográficamente es pura poesía, y porque es una película extremadamente humana y profunda, con personajes humanos y profundos, y que trata temas humanos y profundos. Y, gracias a estas dos características, uno no puede hacer más que quitarse el sombrero ante tanta genialidad y rendirse a los pies de Eastwood, porque no todos los días uno puede volver del cine diciendo que ha llorado, y diciendo que esas lágrimas han salido desde lo más profundo del alma, desde ese rincón que todos tenemos pero que ninguno sabemos dónde está. El rincón del que surgen los verdaderos sentimientos y las verdaderas emociones. Que viva Clint Eastwood, y que vivan para siempre sus Cartas desde Iwo Jima.

Antes de mencionar lo mejor y lo peor del filme, me gustaría hacer un último inciso. Sé que este escrito jamás llegará a sus manos, pero me siento obligado a decirlo. Debo dar las gracias a Clint Eastwood, de corazón, por haber hecho una película que me ha emocionado de forma diferente, como ninguna otra lo había hecho antes, de una forma totalmente nueva y desconocida para mí, provocándome sensaciones realmente indescriptibles. Gracias, Mr. Eastwood, por este derroche de humanidad, maestría y talento que son sus Cartas desde Iwo Jima.

Lo mejor:
-La humanidad y profundidad de la película.
-Los personajes y las interpretaciones del filme (en especial el general Kuribayashi/Ken Watanabe)
-El cariño y el respeto con los que se ha hecho la película.
-La dirección de Clint Eastwood y el magnífico guión de Iris Yamashita y Paul Haggis.

Lo peor:
-Que Ken Watanabe no haya sido nominado al Oscar al mejor actor principal, ya que su interpretación es realmente sublime.

Un 10/10 como una catedral.

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(Four Rooms)

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