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Cuento de otoño

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Cuento de otoño 

mensajeVie 09 Mar, 2007 4:57 pm.

amenofis

4
Sexo:Sexo:Hombre

titulo original:conte d´autonme
director:éric rohmer
nacionalidad:francesa
duracion:111 minutos


Sinoposis:Trata de la vida de tres mujeres , dos de ellas intentan conseguir un novio para la tercera Magali, que es una campesina con viñedos en Provenza, que se ha sola tras la marcha de sus hijos.



Me ha gustado mucho la verdad,100% romher , una historia muy sugerente. Es conveniente verla hasta el ultimo segundo ya que es ahi cuando deja claro algunos sentimientos de sus pesonajes.

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Las fronteras las dibujan los hombres. A la naturaleza le da igual.
 

 

mensajeVie 09 Mar, 2007 5:09 pm.

Indudablemente un Rohmer ya bastante mayor se marcó una de sus mejores películas. "Cuento de Otoño" es excepcional no sólo en el sentido de fabulosa, también en cuanto a singularidad: en este film los protagonistas no son esos jóvenes que pueblan todas sus películas, sino que esta vez fija su mirada en la madurez. Uno puede pensar que la película se puede resentir por esto, pues evidentemente los jóvenes aportan una frescura que se agradece, sobretodo en una obra como la de Rohmer, con tan pocas concesiones y en las que la vida cotidiana se impone como argumento. Y sin embargo, se produce el milagro, porque la película funciona del mismo modo al sustituir mujeres y hombres maduros por mujeres y hombres jóvenes; lo que resultaría hasta ridículo, pero no lo es de ningún modo. Quizá tenga que ver la - por llamarla de alguna forma - estilización intelectual de sus personajes, que uniformiza en alto grado la edad. En fin, que el escenario, los personajes, los reiterados dilemas y juegos, todo está muy inspirado.

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El gran problema del cine es dónde y por qué comenzar un plano y dónde y por qué terminarlo (JLG)
 

 

mensajeVie 09 Mar, 2007 7:52 pm.

Emir

7
Sexo:Sexo:Hombre

Coincido en el diagnóstico; personajes muy naturales y por supuesto una historia muy humana, sin trampas.

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Je lui dis que mon coeur est comme un grand sac vide...
 

 

mensajeVie 09 Mar, 2007 8:44 pm.

Cuento de Otoño fue mi primer contacto con el cine de Rohmer y es una de mis favoritas. Coincido con Bressoniano y Emir en la naturalidad que emana el film, y la singularidad de los personajes, todos ellos expuestos a los mismos debates o problemas sin importar la edad. Desde la joven Rosine hasta la madura Viticultora sortean los problemillas, cambios, necesidades, sobre el amor principalmente. Es una gozada el viaje que propone Rohmer por la campiña Francesa, lo rural adquiere sentido y se disfruta de esos pequeños detalles que nos ofrece el campo.
Como dice Bressoniano, también funcionan las películas en las que los personajes superan la cuarentena y se agradece una historia así, eh.
Destacar las interpretaciones de las dos asiduas de Rohmer: Marie Riviere y Beatrice Romand, que encantadoras, que naturales…
Me gusta la madurez (la sensatez) y el buen rollo que me trasmite el film. Siempre que veo Cuento de Otoño, no puedo evitar que me salte una sonrisa ancha y poner cara de idiota.

 

 

mensajeJue 20 Mar, 2008 8:41 am.

Las mejores intenciones
Eric Rohmer venía, en sus anteriores cuentos de las cuatro estaciones, de hacer un análisis de la juventud de una profundidad y elegancia que uno piensa imposible en un hombre que, no nos engañemos, dejó de ser joven hace ya algunas décadas. Pero al igual que un Imamura puede hacer un cine más fresco, irreverente y rompedor que la mayoría de los directores tres o cuatro generaciones más jóvenes, Rohmer conoce el alma humana, sus deseos, como no lo conoce ni siquiera alguien que esté pasando por esa época de la vida. Quizá porque la juventud está aun en su cerebro más que en su cuerpo, mientras que la mayoría de los veinteañeros son más ancianos que muchos de sus abuelos. Siempre se tienen veinte años en un rincón del corazón (aunque sea al lado del marcapasos, que dirían “Les Luthiers”), pero en el caso de Rohmer ese rincón abarca con sus latidos a los de miles que nos sentimos retratados en su cine. Pues los conflictos que atenazan al joven protagonista de cuento de verano (Conte d'été, 1996) en sus relaciones, dependencias y miedos, así como a las chicas que le rodean, no dejan de ser paradigmas de relaciones que, en combinación o también por separado, todos hemos disfrutado sufriéndolas, o sufrido disfrutándolas. Sin contar con la amistad surgida en la imprescindible Cuento de primavera (Conte de printemps, 1990), para mi gusto la mejor obra de Rohmer, en la cual la comprensión y la falta de entendimiento entre generaciones nos enseña más de los efectos del paso del tiempo que la biografía más descarnada.

En cambio en este cuento de otoño Rohmer abandona su añorada juventud, divino tesoro, y nos introduce en las sombras teñidas de blanco capilar de relaciones maduras con cierto tono guasón de comedia de enredo. La protagonista, Magali, es una mujer cercana a los 50 cuyos hijos han volado del nido y está sola en su casa solariega rodeada de viñas. Se aburre. Se deprime. Tiene amigas, sí, sobre todo una en la ciudad, dueña de una librería, de una madurez espléndida y vida familiar feliz y tranquila. También la novia coyuntural de su hijo ha trabado amistad con Magali. Esta joven, por lo demás, mantiene una relación confusa con una antiguo profesor mucho mayor que ella. Ambas amigas ven a Magali sola, y deciden buscarla pareja. Cada una hace la guerra por su cuenta. La joven intenta colocarla a su ex profesor y protoamante. La librera lo intenta con un anuncio en el periódico, ofreciéndose ella misma de reclamo para conocer bien al aspirante. El reflejo primario e impulsivo frente a la reflexión calmada. Magali, en medio de las expectativas de ambas, tendrá que luchar consigo misma y con la obcecación de las amigas para no dejarse arrastrar por el entusiasmo de una y la contundencia de la otra hacia algo que quizá no quiera, o bien para lo cual no está preparada.

De esta forma el amigo Rohmer nos conduce entre las actitudes, aparentemente opuestas, pero en realidad complementarias, con las que se enfrentan a los mismos problemas las personas de distintas generaciones. Y al final, según él, resulta que casi siempre son iguales en el fondo. Porque las intenciones, las necesidades, los problemas y las soluciones no cambian, según Rohmer. Puede que cambie la perspectiva, pero poco más. La búsqueda de la felicidad y el amor es la misma se haga cortejando a un balcón o a un teclado. Son nuestras necesidades, dudas, deseos e inseguridades las que condicionan nuestras reacciones, y Magali tiene muchas de cada. Y sólo quienes examinen el problema desde la reflexión calmada, ajena a los intereses personales, de manera objetiva, pueden ver la solución al conflicto. Por eso ni Magali, ni la amante de su hijo, ni los dos presuntos pretendientes están tan acertados como la librera. Para esta, desde fuera y sin intereses más allá del bienestar de su amiga, con su vida feliz y tranquila, es casi trivial el análisis y la elección de la opción acertada. Sólo depende de que Magali también lo vea.

Para Eric Rohmer sus personajes son mucho más que elementos de una historia. Sus personajes son la historia. Y a ellos supedita tanto la coherencia narrativa como la sintaxis cinematográfica. Su afán hiperrealista a la hora de construirlos, de los que son paradigmáticos los de esta obra, molesta a algunos tanto como nos entusiasma a otros. Desde luego hay que reconocer que a los más puristas amantes del cine como arte visual esta película no les entusiasmará –ni en general las de su autor–. No inventa lenguajes, no experimenta con los formatos, no innova. Más bien resulta académico y clásico; casi teatro filmado con personajes que hablan y hablan. Algunas veces este procedimiento se le ha ido de las manos, pero no en esta película. En ella esas conversaciones nos enseñan tanto acerca de la madurez, la soledad, la necesidad de amor y los estragos del orgullo como nuestra propia experiencia personal. Rohmer nos habla de los seres humanos y sus relaciones, de nosotros mismos en definitiva. Nos habla de la vida.


Fuente: Miradas

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"Huesos rotos, botellas rotas, todo esta roto"
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A Grenouille le quedaba suficiente perfume como para esclavizar al mundo entero, si hubiera querido. Habría podido entrar en Versalles y poner al rey a sus pies. Habría podido escribir una carta perfumada al papa y revelarse como el nuevo Mesías. Habría podido hacer todo esto y más, si lo hubiera deseado. Poseía un poder más fuerte que el dinero, el terror o la muerte. El invencible poder de dominar el amor de la humanidad. Sólo había una cosa que el perfume no podía hacer: No podía convertirle en una persona capaz de amar y ser amada como las demás.

(El Perfume)

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