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mensajeMie 29 Ene, 2014 9:14 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

De nada, Serendipity. Espero que los foreros que no lo han leído se animen a hacerlo. Por cierto, en Internet hay ediciones en pdf.

 

 

mensajeDom 02 Feb, 2014 9:16 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"No ignoro que el recurso de beber para huir es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de ti mismo? Una copa acartona el recuerdo, pero, al propio tiempo, convierte la onerosa gravedad de tu cuerpo en una suerte de porosidad flotante. Algo parecido a la fiebre. Pasado el trance, sobreviene el decaimiento, pero hay un medio para evitarlo: mantener en sangre una dosis de alcohol que te imbuya la impresión de que participas en la vida, de que la vida no pasa sobre el hoyo en que te pudres sin advertir que existes. Esta forma de energía suele identificarse con la alegría, aunque, por supuesto, no es la alegría. A lo sumo, una energía inferior, improductiva; en caso contrario, yo trabajaría. Pero mi ingenio, si alguna vez existió, se ha agotado; ya lo estás viendo: no soy capaz de embadurnar un lienzo, ni siquiera de sostener un pincel en la mano."

Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris

Delibes sufrió bastante después de la muerte de Ángeles, su mujer, con quien llevaba media vida. Por eso escribió esta espléndida novela, o lo que sea, porque resulta difícil adscribirla a un género determinado.

 

 

mensajeMar 11 Feb, 2014 8:35 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"El 19 de marzo de 2004 la Real Academia de la Lengua Española publicó un informe sobre la expresión «violencia de género», en el que mostraba la inconveniencia del uso en español de la palabra «género», para designar el sexo biológico de un individuo humano. El uso de la palabra «género» vendría motivado por el auge de los estudios del mismo nombre, en la segunda mitad del siglo XX, y una traducción literal de la expresión anglosajona. El asunto es que el uso de «género» en ese idioma responde, según parece, a un intento puritano por evitar la palabra «sex», y así se llegó a dar a la palabra «género» el significado de «sexo biológico de un ser humano». Ávidos de modernidad muchos se apresuraron a exportar los novedosos «Gender Studies», para nombrar el estudio de las diferencias sociales y culturales, en oposición a las biológicas, existentes entre hombres y mujeres. La sugerencia de la RAE es clara: en español no se usa la palabra «género» por «sexo» (como sí ocurre en inglés), por tanto es más correcto utilizar la expresión «violencia doméstica», o «violencia por razón de sexo», que la expresión «violencia de género».

A pesar de las recomendaciones de la RAE y del notable éxito de la expresión «violencia doméstica» por encima de otras alternativas propuestas, como son «violencia de género» o «violencia intrafamiliar» (con más presencia en los países americanos de habla hispana), en España contamos, desde el 28 de diciembre de 2004, con una «Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género» (cursiva nuestra). La realidad es que las cifras «cantan»: según el Corpus de referencia del español actual (CREA) (que abarca los últimos 25 años del español) son 180 los casos en los que aparece la expresión «violencia doméstica» (los primeros usos datan de 1983), frente a los 59 de «violencia intrafamiliar» (el primero en 1993), los 46 de «violencia de género» (aparece por primera vez en 1993), los 22 casos de «violencia contra las mujeres» (1987), o los 2 casos de la expresión «violencia por razón de sexo» (2004).

Estas cifras ya son razones suficientes para plantearse la idoneidad de la expresión «violencia de género», frente a otras que ni significan lo mismo que esa, ni lo mismo entre ellas, porque las pretensiones de quien utiliza la expresión «violencia intrafalimiar» no son, desde luego, las mismas que las que tiene quien utiliza la expresión «violencia por razón de sexo», aunque pretendan ser idénticas. Quizá la mayor oscuridad venga de la voluntad de quien propone hacer idénticas expresiones que, como mucho, serán equivalentes (todas verdaderas o todas falsas). Una situación en la que hubiera agresión física entre hermanos podría ser englobada bajo el rótulo «violencia intrafamiliar», pero si esos hermanos fuesen de distintos sexo nos pondría, por definición, ante un caso de «violencia de género» o por «razón de sexo», y si, además, fuese el hombre quien agrediese a la mujer, podríamos concretar hasta llegar a «violencia contra las mujeres». Pero aún en una escenificación tan concreta de violencia como la que acabamos de ejemplificar, cabría lugar a la duda, ya que este maltrato podría quedar fuera del marco expuesto por la «Ley Orgánica MPIVG», que en el artículo 1.1 («Objeto de la Ley») explicita que ella actúa contra la violencia que «se ejerce sobre éstas (las mujeres) por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia»; por tanto, acogiéndonos a la normativa que explícitamente se define como un conjunto de «medidas de prevención integral contra la violencia de género», no tendríamos aquí más que un delito de lesiones pero nada de «violencia de género». Dicho de otro modo si un padre le propina una paliza a su hija, no estamos ante un caso de «violencia de género», si un hombre amenaza o coacciona a su hermana, no estamos ante un caso de «violencia de género», y, mucho menos, si una mujer agrede física o verbalmente a su hermano.

La expresión «violencia de género», utilizada en el rótulo de la Ley Orgánica que el Gobierno español promovió en diciembre de 2004, concediendo que «género» pueda ser lo mismo que «sexo biológico», que no lo es, al menos en español, se convierte casi por arte de magia, en «violencia contra las mujeres», eliminado al sexo masculino de la encorsetada traducción española del gender inglés. Por tanto «género» en la expresión «violencia de género» sólo indicaría violencia contra las mujeres. Siendo así que expresiones tales como «mujeres víctimas de la violencia de género» sería redundante ya que las mujeres, y sólo las mujeres, podrían ser víctimas de esa violencia.

Tanto en la Ley Orgánica de 2004, a escala nacional (que no es Cataluña, sino España), como a escala autonómica, en el «Plan del Principado de Asturias para promover la erradicación de la violencia contra las mujeres (2003-2003)» (único documento ofrecido por el Instituto Asturiano de la Mujer con pretensiones reguladoras de «un problema cuya magnitud es difícil de valorar tanto cuantitativa como cualitativamente») utiliza indistintamente las expresiones «violencia contra las mujeres», «violencia sobre la mujer» y «violencia de género» (curiosamente «violencia doméstica», a pesar de ser la opción recomendada por la RAE, la más correcta en español, y a pesar de ser la más utilizada en los últimos años, no aparece en el Plan propuesto por el gobierno socialista asturiano, y tan sólo en cuatro ocasiones a lo largo de las 32 páginas de la Ley Orgánica MPIVG; sí que existe legislación anterior al 2004 en la que se menciona «violencia doméstica», como pueda ser la Ley Orgánica de Medidas Concretas en Materia de Seguridad Ciudadana, Violencia Doméstica e Integración Social de los Extranjeros o la Orden de Protección de las Víctimas de la Violencia Doméstica).

El Principado de Asturias comenzó una campaña publicitaria con motivo del Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres, celebrado el 25 de noviembre, en la que se podía escuchar a través del aparato de radio una suave y calmada voz de mujer que recitaba el siguiente texto: «La violencia de género es la violencia que se dirige contra las mujeres por el hecho de serlo». Esta letanía, que se encuentra en la Exposición de motivos de la Ley Orgánica MPIVG, lejos de conseguir una mayor «sensibilización», no es más que otra muestra del dislate ideológico que arrastra una ley que culpabiliza a los hombres «por el hecho de serlo».


Se hace continua referencia en la Ley a la igualdad entre hombres y mujeres, al «respeto de los derechos y libertades fundamentales» (que suponemos son los recogidos en la Constitución de 1978), al «ejercicio de la tolerancia y la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia», a la «formación para la prevención de conflictos para la resolución pacífica de los mismos», a la eliminación de los «estereotipos sexistas o discriminatorios» (estereotipos sobre los que podremos estar los españoles de acuerdo en unos mínimos, pero poco más. ¿O acaso no habrá a quien pueda parecerle sexista o discriminatoria la no publicación de fotos de Ministros españoles cómodamente recostados en divanes cubiertos de pieles y ataviados con las últimas tendencias en moda?), pero todas estas medidas de sensibilización y prevención de nada servirán si damos por supuesto que un hombre es violento con una mujer sólo porque es mujer. Habrá otros motivos, por venganza, por envidia, por celos, &c., pero nunca por ser mujer, nunca por pertenecer al sexo femenino, porque de ser así, un hombre violento se mostraría como tal frente a cualquier mujer, por la calle, en el trabajo, en el autobús..., pero todos sabemos que esto no es así, todos sabemos que el objetivo de un maltratador es muy concreto, no es cualquier mujer, es una mujer. Y si esa mujer tiene hijos, son también ellos. El maltratador no agrede a su mujer y es, luego, un tierno padre protector con su descendencia. No son casos de violencia contra la mujer son casos de violencia doméstica, porque en cualquier caso esa violencia salpica a todos los miembros de la familia.

Ya es hora de que se planteen sin temores asuntos que, a pesar de su gravedad, no nos atrevemos a tratar con el mínimo de reflexión que merecen."

(...)

Sharon Calderón Gordo, Ni "género" ni "sexo"
Revista El Catoblepas, número 46, diciembre de 2005

Ya sé que se me llamará machista y no sé qué más, pero estoy de acuerdo con Sharon -que no despiste el nombre anglosajón: es una tía-; los hombres no agreden a las mujeres por el hecho de ser éstas mujeres, ni los hombres, por el hecho de ser hombres, están abocados a agredir. Tener pene no significa ser malo malísimo; hay hombres malos y los hay buenos. Y yo soy el primero que detesta a los machitos. Y tener vagina no significa que una sea angelical, rubicunda moza incapaz de matar a una mosca: las hay buenas y las hay malas.

El enemigo del feminismo y de todos aquellos que lo apoyamos no es el hombre, sino el hombre agresor y el hombre machista (no, no es una redundancia). Nadie sensato debería apoyar las prácticas inquisitoriales de ciertas feministas. Y no escribo esto por ser hombre -el artículo me lo mandó una mujer, por cierto-; quien sostenga que defiendo " a los míos" incurrirá en ese pensamiento típico de caza de brujas: "Es hombre, luego por definición es machista, agresor, violador..." Una falacia tan grande como un templo sostenida por mujeres universitarias (psicólogas, sociólogas, médicas...), quienes deberían distinguirse por buscar la verdad y cambiar el mundo sin dogmas ni mentiras.

 

 

mensajeMar 11 Feb, 2014 11:05 pm.

Solimán

6
Sexo:Sexo:Hombre

"No hay nada de importante o valioso en el “yo”. Igual que tú, los otros seres conscientes desean felicidad y no quieren sufrir. Los demás son innumerables; tú eres tan sólo uno. Tu propia importancia personal está perdida cuando piensas en los demás seres innumerables. No es nada. Incluso si naces en el infierno no eres más que uno, por consiguiente no hay razón para estar deprimido. Y aunque alcances la liberación del samsara tan sólo eres una persona, así que no hay porqué entusiasmarse. Cuando piensas en los innumerables seres los cuales, como tú, desean la felicidad y rechazan el sufrimiento, te vuelves completamente insignificante.
Así pues, lo único que tienes que hacer en tu vida es trabajar por los demás, amar a los demás. Con esta actitud, trabaja por los otros seres conscientes con tu cuerpo, palabra y mente. En la vida no hay nada más importante que eso."


Thubten Zöpa Rinpoche,
La puerta de la satisfacción

_______________________
http://ow.ly/AKM21
 

 

mensajeJue 13 Feb, 2014 11:33 pm.

Solimán

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Tengo siete años y estoy en primer curso de primaria. Siete años, la edad de la razón como dicen ellos. Esta historia me la han soltado por lo menos cien veces desde mi cumpleaños. Voy a oírla todo el año. Todos me la han repetido, tanto en la escuela como en cualquier parte. «Tienes siete años, la edad de la razón. ¡Eso está bien!» En efecto, es genial. ¿Por qué siete y no ocho, o seis? Eso es algo que nunca van a decirme. La edad de la razón son los siete años, dicen. Pero... ¿qué les pasa con la razón? ¿Acaso han perdido todos la suya? La razón que domina es, siempre, la del más fuerte. Eso no lo sé aún, sin embargo, mi padre me lo ha dicho ya citando una fábula de La Fontaine: «La razón del más fuerte es siempre la mejor». Del lado práctico, lo aprenderé a mis expensas, en la escuela, claro.

Recuerdo, especialmente en el primer curso de secundaria, a una profesora que afirmaba ante su clase, con una inquebrantable certidumbre: «Sabéis muy bien que el profesor siempre tiene razón». En aquel momento, comprendí. En aquel momento preciso, todo el mundo sabe que está equivocada, pero tiene razón. Razón porque tiene el poder.

He aquí una de las cosas fundamentales que aprendí en la escuela: la razón, el poder y la fuerza son un trío indisociable. Si se quita uno, la cosa no funciona. A los siete años, no tienes fuerza ni poder. De modo que los siete años como edad de la razón es una gi­lipollez. Pero está bien, seguid diciéndolo para mantener a vuestros hijos en esa tan dulce mentira. Es como creer en Papá Noel, demasiado pronto sabrán que no es cierto.

RAZÓN-FUERZA-PODER

¿Por qué no escriben eso en la entrada de cada colegio, instituto y escuela primaria? ¿O también de cada ayuntamiento, ministerio, palacio de justicia o edificio oficial? Se ajustaría mucho más a lo que en ellos se encuentra que no esa piadosa mentira cívica:

LIBERTAD-IGUALDAD-FRATERNIDAD

Libertad. Igualdad. Fraternidad. No aprendí nada de todo eso en la escuela de Jules Ferry. Vasta mentira política inculcada desde la infancia."


Hugo Horiot,
El emperador, soy yo

_______________________
http://ow.ly/AKM21
 

 

mensajeJue 20 Feb, 2014 6:51 pm.

Solimán

6
Sexo:Sexo:Hombre

"SEÑORA.—Es lo que yo digo: que hay gente muy mala por el mundo...
AMIGO.—Muy mala, señora Gregoria.
SEÑORA.—Y que a perro flaco to son pulgas.
AMIGO.—También.
MARIDO.—Pero, al fin y al cabo, no hay mal que cien años dure, ¿no cree usted?
AMIGO.—Eso, desde luego. Como que después de un día viene otro, y Dios aprieta, pero no ahoga.
MARIDO.—¡Ahí le duele! Claro que agua pasá no mueve molino, pero yo me asocié con el Melecio por aquello de que más ven cuatro ojos que dos y porque lo que uno no piensa al otro se le ocurre. Pero de casta le viene al galgo el ser rabilargo; el padre de Melecio siempre ha sido de los que quítate tu pa ponerme yo, y de tal palo tal astilla, y genio y figura hasta la sepultura. Total: que el tal Melecio empezó a asomar la oreja, y yo a darme cuenta, porque por el humo se sabe dónde está el fuego.
AMIGO.—Que lo que ca uno vale a la cara le sale.
SEÑORA.—Y que antes se pilla a un embustero que a un cojo.
MARIDO.—Eso es. Y como no hay que olvidar que de fuera vendrá quien de casa te echará, yo me dije, digo: «Hasta aquí hemos llegao; se acabó lo que se daba; tanto va el cántaro a la fuente, que al fin se rompe; ca uno en su casa y Dios en la de tos; y a mal tiempo buena cara, y pa luego es tarde, que reirá mejor el que ría el último».
SEÑORA.—Y los malos ratos, pasarlos pronto.
MARIDO.—¡Cabal! Conque le abordé al Melecio, porque los hombres hablando se entienden, y le dije: «Las cosas claras y el chocolate espeso: esto pasa de castaño oscuro, así que cruz y raya, y tú por un lao y yo por otro; ahí te quedas, mundo amargo, y si te he visto, no me acuerdo». Y ¿qué le parece que hizo él?
AMIGO.—¿El qué?
MARIDO.—Pues contestarme con un refrán.
AMIGO.—¿Que le contestó a usté con un refrán?
MARIDO.—(Indignado.) ¡Con un refrán!
SEÑORA.—(Más indignada aún.) ¡Con un refrán, señor Eloy!
AMIGO.—¡Ay, qué tío más cínico!
MARIDO.—¿Qué le parece?
SEÑORA.—¿Será sinvergüenza?
AMIGO.—¡Hombre, ese tío es un canalla, capaz de to! (Siguen hablando aparte.)"


Enrique Jardiel Poncela,
Eloísa está debajo de un almendro

_______________________
http://ow.ly/AKM21
 

 

mensajeJue 20 Feb, 2014 6:58 pm.

Solimán escribió:
"SEÑORA.—Es lo que yo digo: que hay gente muy mala por el mundo...
AMIGO.—Muy mala, señora Gregoria.
SEÑORA.—Y que a perro flaco to son pulgas.
AMIGO.—También.
MARIDO.—Pero, al fin y al cabo, no hay mal que cien años dure, ¿no cree usted?
AMIGO.—Eso, desde luego. Como que después de un día viene otro, y Dios aprieta, pero no ahoga.
MARIDO.—¡Ahí le duele! Claro que agua pasá no mueve molino, pero yo me asocié con el Melecio por aquello de que más ven cuatro ojos que dos y porque lo que uno no piensa al otro se le ocurre. Pero de casta le viene al galgo el ser rabilargo; el padre de Melecio siempre ha sido de los que quítate tu pa ponerme yo, y de tal palo tal astilla, y genio y figura hasta la sepultura. Total: que el tal Melecio empezó a asomar la oreja, y yo a darme cuenta, porque por el humo se sabe dónde está el fuego.
AMIGO.—Que lo que ca uno vale a la cara le sale.
SEÑORA.—Y que antes se pilla a un embustero que a un cojo.
MARIDO.—Eso es. Y como no hay que olvidar que de fuera vendrá quien de casa te echará, yo me dije, digo: «Hasta aquí hemos llegao; se acabó lo que se daba; tanto va el cántaro a la fuente, que al fin se rompe; ca uno en su casa y Dios en la de tos; y a mal tiempo buena cara, y pa luego es tarde, que reirá mejor el que ría el último».
SEÑORA.—Y los malos ratos, pasarlos pronto.
MARIDO.—¡Cabal! Conque le abordé al Melecio, porque los hombres hablando se entienden, y le dije: «Las cosas claras y el chocolate espeso: esto pasa de castaño oscuro, así que cruz y raya, y tú por un lao y yo por otro; ahí te quedas, mundo amargo, y si te he visto, no me acuerdo». Y ¿qué le parece que hizo él?
AMIGO.—¿El qué?
MARIDO.—Pues contestarme con un refrán.
AMIGO.—¿Que le contestó a usté con un refrán?
MARIDO.—(Indignado.) ¡Con un refrán!
SEÑORA.—(Más indignada aún.) ¡Con un refrán, señor Eloy!
AMIGO.—¡Ay, qué tío más cínico!
MARIDO.—¿Qué le parece?
SEÑORA.—¿Será sinvergüenza?
AMIGO.—¡Hombre, ese tío es un canalla, capaz de to! (Siguen hablando aparte.)"


Enrique Jardiel Poncela,
Eloísa está debajo de un almendro



risa risa risa : carcajada carcajada

¡El gran Jardiel...!

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"Anoche soñé que volvía a Manderlay..."
 

 

mensajeJue 20 Feb, 2014 9:30 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Preguntemos una vez más: ¿en qué medida puede ser el sufrimiento una compensación de «deudas»? En la medida en que hacer ––sufrir produce bienestar en sumo grado, en la medida en que el perjudicado cambiaba el daño, así como el desplacer que éste le producía, por un extraordinario contra––goce: el hacer––sufrir, –– una auténtica fiesta, algo que, como hemos dicho, era tanto más estimado cuanto más contradecía al rango y a la posición social del acreedor. Esto lo hemos
dicho como una suposición: pues, prescindiendo de que resulta penoso, es difícil llegar a ver el fondo de tales cosas subterráneas; y quien aquí introduce toscamente el concepto de «venganza», más que facilitarse la visión, se la ha ocultado y oscurecido ( –– la venganza misma, en efecto, remite cabalmente al mismo problema: «¿cómo puede ser una satisfacción el hacer sufrir?»). Repugna, me parece, a la delicadeza y más aún a la tartufería de los mansos animales domésticos (quiero decir, de los hombres modernos, quiero decir, de nosotros) el representarse con toda energía que la crueldad constituye en alto grado la gran alegría festiva de la humanidad más antigua, e incluso se halla añadida como ingrediente a casi todas sus alegrías; el imaginarse que por otro lado su imperiosa necesidad de crueldad se presenta como algo muy ingenuo, muy inocente, y que aquella humanidad establece por principio que precisamente la «maldad desinteresada», para decirlo con Spinoza, la sympathia malevolens [simpatía malévola] es una propiedad normal del hombre––: ¡y, por tanto, algo a lo que la conciencia dice sí de todo corazón! Un ojo más penetrante podría acaso percibir, aun ahora, bastantes cosas de esa antiquísima y hondísima alegría festiva del hombre; en Más allá del bien y del ma146 (y ya antes en Aurora, págs. 17, 68, 102) 47 yo he apuntado, con dedo cauteloso, hacia la espiritualización y «divinización» siempre crecientes de la crueldad, que atraviesan la historia
entera de la cultura superior (y tomadas en un importante sentido incluso la constituyen). En todo caso, no hace aún tanto tiempo que no se sabía imaginar bodas principescas ni fiestas populares de gran estilo en que no hubiese ejecuciones, suplicios, o, por ejemplo, un auto de fe, y tampoco una casa noble en que no hubiese seres sobre los que poder descargar sin escrúpulos la propia maldad y las chanzas crueles ( ––recuérdese, por ejemplo, a Don Quijote en la corte de la duquesa: hoy leemos el Don Quijote entero con un amargo sabor en la boca, casi con una tortura, pero a su autor y a los contemporáneos del mismo les pareceríamos con ello muy extraños, muy oscuros, ––con la mejor conciencia ellos lo leían como el más divertido de los libros y se reían con él casi hasta morir) 48. Ver––sufrir produce bienestar; hacer––sufrir, más bienestar todavía ––ésta es una tesis dura, pero es un axioma antiguo, poderoso, humano–– demasiado humano, que, por lo demás, acaso suscribirían ya los monos; pues se cuenta que, en la invención de extrañas crueldades, anuncian ya en gran medida al hombre y, por así decirlo, lo «preludian»". (...)

––"Con estos pensamientos, dicho sea de pasada, no pretendo en modo alguno ayudar a nuestros pesimistas a llevar agua nueva a sus malsonantes y chirriantes molinos del tedio vital; al contrario, hay que hacer constar expresamente que, en aquella época en que la humanidad no se avergonzaba aún de su crueldad, la vida
en la tierra era más jovial que ahora que existen pesimistas. El oscurecimiento del cielo situado sobre el hombre ha aumentado siempre en relación con el acrecentamiento de la vergüenza del hombre ante el hombre. La cansada mirada pesimista, la desconfianza respecto al enigma de la vida, el glacial no de la náusea
sentida ante la vida –– éstos no son los signos distintivos de las épocas de mayor maldad del género humano: antes bien, puesto que son plantas cenagosas, aparecen tan sólo cuando existe la ciénaga a la que pertenecen, me refiero a la moralización y al reblandecimiento enfermizos, gracias a los cuales el animal
«hombre» acaba por aprender a avergonzarse de todos sus instintos. En el camino hacia el «ángel» (para no emplear aquí una palabra más dura) se ha ido criando el hombre ese estómago estropeado y esa lengua saburrosa causantes de que no sólo se le hayan vuelto repugnantes la alegría y la inocencia del animal, sino que la vida misma se le haya vuelto insípida: –– de modo que a veces el hombre se coloca delante de sí con la nariz tapada y, junto con el Papa Inocencio III, hace, con aire de reprobación, el catálogo de sus repugnancias («concepción impura, alimentación nauseabunda en el seno materno, mala cualidad de la materia de la que el hombre se desarrolla, hedor asqueroso, secreción de esputos, orina y excrementos»)."


Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral

En alemán, malnacido se dice Nietzsche. Hitler no lo malinterpretó; al contario, lo entendió muy bien. Entendió su racismo (malus, malo en la latín -dice la bestia-, viene de melas, negro en griego; los habitantes de cabello negro de Italia antes de ser conquistados por los germanos de raza aria); y su repugnante afirmación de la vida, que para él es crueldad, dominio, explotación de unos por otros (¡no, Nietzsche no era marxista, postmodernillos!), fundamentada en la destrucción de lo único bueno que ha dado el cristianismo: la culpa, la responsabilidad, el perdón, la solidaridad. Para la bestia, todo eso son cosas de débiles, de quienes no son fuertes como los héroes homéricos. Hay que joderse.

Pues esto tío pone cachondos a muchos postmodernillos del tres a cuarto (seguro que Tarantino y Mourinho lo leen con fruición), de esos que van de buen rollo y te dicen: Lo que mola es no pedir perdón. Necios. Sólo les falta decir, como el propio Nietschze, que no importa la justicia, sino la capacidad para vengarse. Estamos hablando del filósofo más abyecto y perverso de todos los que han escrito alguna vez un tratado.

 

 

mensajeMar 04 Mar, 2014 12:58 am.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"La poesía, como dice Housman, no reside en lo dicho sino en la forma en que se dice. O acaso más exactamente: lo poético adviene cuando la forma en la que algo se dice es lo que realmente se dice. Y en el cine, la única persona capaz de producir esta operación es el director."

Lindsay Anderson, John Ford

 

 

mensajeMie 26 Mar, 2014 9:47 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Nuestro siglo está marcado por la decadencia de las viejas solidaridades entre las personas y el desarrollo de nuevas solidaridades de la Administración para con las categorías sociales. La decadencia de la red de solidaridad y de ayuda mutua que constituía la gran familia -tanto en sentido vertical (de abuelos a nietos) como horizontal (vinculando a los miembros colaterales hasta los tíos abuelos y los sobrinos nietos)-, proviene evidentemente de la decadencia de esta gran familia. Del mismo modo, las solidaridades en los pueblos desaparecen con el fin del mundo campesino y la generalización del modo de vida urbano y suburbano. Las ayudas mutuas de vecindad y los vínculos de barrio urbanos se atrofian en los grandes edificios y en las grandes aglomeraciones. La pequeña familia, llamada nuclear, y como tal un núcleo de solidaridad, se quiebra cada vez más y se desintegran sus fuerzas íntimas de cohesión.

Sin embargo, a principios de siglo, los partidos y sindicatos obreros habían tejido redes de solidaridad para amparar y ayudar a las familias de los trabajadores, no solamente en caso de huelga, sino también en las dificultades de la vida cotidiana. El debilitamiento del sindicalismo ha conducido también al debilitamiento de las solidaridades obreras.

No obstante, la acción histórica del socialismo y de los partidos de izquierda en Europa había logrado finalmente implantar un Estado asistencial. La Seguridad Social, la asistencia en caso de enfermedad, el subsidio de desempleo, medidas fiscales específicas y el salario social han creado un enorme sistema administrativo de solidaridad. De este modo, hemos llegado a la situación siguiente:

Por un lado, existe una formidable maquinaria dedicada a la solidaridad social, pero es de carácter administrativo, se aplica a categorías sociales o profesionales según criterios cuantitativos y reglas impersonales: una maquinaria que sufre procesos de burocratización que agravan el carácter despersonalizado, desindividualizado y a menudo tardío de las solidaridades administrativas.

Por otro lado, los individuos se encuentran atomizados, aislados en el seno de la sociedad urbana; experimentan dificultades y sufrimientos que no encuentran remedio en las solidaridades burocráticas. Las administraciones no poseen ningún instrumento que sepa de la soledad, la tristeza, la desesperación de los individuos. Además no proporcionan protección personal a los débiles y desprotegidos, sobre todo los ancianos o ancianas que corren riesgos nuevos de agresión en la calle o en casa; por último, la angustia crece en los barrios peligrosos no sólo a causa del peligro, sino también por la ausencia de solidaridad.

Es esta atomización individual la que impide que la solidaridad se manifieste cuando se convierte en vital. Así, cuando dos o tres energúmenos molestan a una chica en el metro, los pasajeros se sienten individuos aislados y no miembros de un grupo; se quedan paralizados, sin darse cuenta de la fuerza que representan juntos, cuando en otras condiciones históricas o sociológicas habrían reaccionado espontáneamente en bloque.

La tristeza y la soledad de los individuos aumentan a su vez por la falta de agilidad y de humanidad de la burocracia; la compartimentación y la jerarquía destruyen la responsabilidad individual de quienes trabajan en el seno de la máquina y no se relacionan sino con cifras, con expedientes anónimos donde todo lo que es sentimiento, carne y corazón queda oculto; la plétora de decretos, reglamentos e impresos que hay que rellenar abruma a los funcionarios con un trabajo pesado y al usuario con mil dificultades en cadena que le persiguen de ventanilla en ventanilla, de despacho en despacho, de edificio en edificio. Las formalidades en caso de pérdida del documento de identidad o de residencia, sobre todo para los nacidos en otra región o en el extranjero, aumentan los perjuicios de la pérdida misma. Es cierto que ahora se proporcionan números de teléfono para guiar a los desamparados en el laberinto administrativo, pero las líneas suelen estar ocupadas; las músicas tranquilas y los susurros suaves que vierten aumentan la espera que la comunicación telefónica debía reducir. Las necesidades crecen en todas partes más deprisa que los medios para darles respuesta. Las ventanillas, oficinas, hospitales y centros de acogida están sobrecargados, lo que multiplica las esperas y retrasos, que golpean con más fuerza a quienes están más necesitados de solidaridad.

De hecho, las instituciones públicas de ayuda contribuyen a la degradación del impulso solidario de los individuos. La asistencia social exime de la asistencia personal. Recuerdo que hace 30 años me sorprendió que en Bogotá o en Nueva York a un individuo caído en el suelo se le evitase, se le esquivase, se le ignorase, que pareciese totalmente invisible para los innumerables transeúntes. Hoy pasa lo mismo en París. Todo el mundo dice: "Es la policía, son los servicios de urgencias los que se tienen que ocupar de eso". Constantemente damos un rodeo al ver a un viejo que se tambalea, a un mendigo aterido...

El formidable dispositivo de la solidaridad pública es ineficaz contra el aumento y el agravamiento de las desdichas individuales.

Por otro lado, muchas carreras con vocación de asistencia permanente han limitado su disponibilidad a los horarios pagados; los médicos, por ejemplo, que antes estaban a disposición del enfermo en todo momento, ahora sólo lo están en horario de consulta y a excepción de los fines de semana. La misión humana del médico se ha transformado en una profesión con el tiempo compartimentado; fuera del horario de trabajo, los contestadores automáticos remiten a la nada o, en el mejor de los casos, a los médicos de urgencia.

La generalización y la diversificación de los servicios telefónicos de urgencia constituyen una respuesta a los casos de emergencia, y los más rápidos y eficaces son los de los bomberos. Pero, sobrecargados durante los fines de semana, los servicios de urgencia de médicos, cardiólogos, dentistas y otros están atrapados en una aceleración frenética, corren el riesgo de retrasarse fatalmente, y no disponen del tiempo necesario para llegar a conocer en profundidad el caso concreto y singular de cada paciente.

Por último, el sistema asistencial no se hace cargo de las soledades y males morales, excepto cuando adoptan forma psiquiátrica o psicosomática, y entonces se tratan como enfermedades. Se olvida generalmente que estos males psíquicos, cuando tienen como condición la atomización de los individuos, poseen un componente sociológico y de civilización.

Para responder a estos males morales, el sector privado, frecuentemente de origen protestante, ha multiplicado los servicios de SOS de amistad o contra el suicidio. El desesperado encuentra una atención y una voz humanas, pero lo que ocurre es que ha perdido toda atención singular y personal en su proximidad.

De esta forma, un tejido de indiferencia se propaga por toda la sociedad; es inseparable tanto de la atomización de los individuos como de la convicción de éstos de que es al Estado asistencial a quien le corresponde hacerse cargo de las solidaridades. En todos los casos de urgencia vital, la máquina administrativa tarda demasiado en reaccionar, mientras que los individuos permanecen pasivos o paralizados.

Sin embargo, cuando llega un invierno riguroso que amenaza con frío y hambre a quienes carecen de refugio, a los que se pasa a denominar con la sigla SDF (sin domicilio fijo), surgen iniciativas de caridad; la televisión, que está ávida de sensacionalismo y sabe que hay que alimentar al telespectador con amor y muerte, da gran publicidad a estas iniciativas y provoca grandes arrebatos de solidaridad. Los focos se concentran sobre el padre Pierre, que lleva décadas desempeñando completamente solo la misión de auxilio de urgencia a los desheredados, mientras que la Iglesia o las iglesias (*), que ciertamente continúan con su deber de caridad, no reaccionan ante la urgencia con la suficiente energía e intensidad. Por el lado laico, son sobre todo los actores y artistas, seres afortunados que conservan el recuerdo de sus infortunios pasados, quienes toman la iniciativa y llegan incluso casi a institucionalizar los "restaurantes del corazón" creados por Coluche.

Pero lo mismo que pasa con los hambrientos de Etiopía, de Somalia o los mártires de Bosnia-Herzegovina, las campañas de televisión se cansan enseguida, en cuanto creen sentir la saturación y el desgaste del audímetro, y saltan a otra cosa, de un drama a otra tragedia, del hambre a las masacres, de las inundaciones a los terremotos. Nada permanente ni continuo se puede instituir a partir del poder de los medios de comunicación. No obstante, los arrebatos temporales de solidaridad nos indican que el impulso fraternal está todavía presente en potencia, pero que está inhibido o atrofiado.

¿Qué hacer, pues? Ciertamente, es necesaria una política de solidaridad, pero no basta con promulgar la necesidad de solidaridad. Mientras que los dos primeros términos de la divisa republicana francesa, libertad e igualdad, se pueden instituir e imponer, respectivamente, el tercero -fraternidad- sólo puede proceder de los ciudadanos. Lo que puede instituirse e imponerse es la solidaridad administrativa asistencial, pero ésta, aunque necesaria, es insuficiente: impersonal y burocrática, no responde a las necesidades inmediatas, concretas e individuales; únicamente responde a los acontecimientos en caso de catástrofe colectiva, e incluso entonces, frecuentemente, lo hace con retraso o sin coherencia.

El problema de la solidaridad concreta e individualizada es evidentemente irresoluble en el marco tradicional de una política que se practica por decreto y programa, pero se puede considerar en el marco de una política que despierta y estimula.

Hay que partir de la idea de que en toda población existe entre un 8% y un 10% de personas que experimenta fuerte y constantemente el impulso altruista. Son ellos quienes alimentan no sólo las organizaciones benéficas, sino también los partidos y sindicatos como militantes y animadores. Ahora bien, la fosilización de los partidos, el desmoronamiento de las grandes esperanzas de los que militaban, el fracaso de las tentativas de crear comunidades en las grandes aglomeraciones, todo eso hace que esa buena voluntad esté infrautilizada. Es cierto que quedan numerosos monitores abnegados que se dedican a los adolescentes descarriados, a los drogadictos, a los problemas de los suburbios. Pero no existe nada que pueda estimular, reunir, aprovechar toda esa buena voluntad.

La institución pública (Estado, región, municipio) es la que podría crear las condiciones para la sinergia y canalización de las energías solidarias. Se trataría de ofrecer en los barrios de las grandes ciudades, así como en las ciudades medianas, "casas de solidaridad" en las que se agrupen las instituciones privadas de solidaridad y en cuyo seno se instalen 11 centros de crisis" (centros de acogida y tratamiento de los peores males, entre ellos los provocados por la droga) o incluso puntos de acogida como los creados por el padre Pierre. De estas casas podrían depender albergues para todas las urgencias o necesidades perentorias. En estas casas habría, como en el caso de los bomberos, un servicio permanente de urgencia compuesto por ciudadanos benévolos dispuestos a acudir rápidamente para prestar ayuda o auxilio, desde la petición de compañía de la persona mayor que tiene miedo de que le roben el giro que va a cobrar en Correos hasta la llamada del suicida desesperado. Este servicio de urgencia, lejos de sustituir a los servicios hospitalarios o policiales, estimularía su rapidez.

De todas formas, la fraternidad se ha convertido hoy día en el vacío patente en el seno de la divisa republicana libertadigualdad-fraternidad. Hay que hacer de la solidaridad fraternal un problema central. Ciertamente, no se solucionará con las necesarias casas de solidaridad; el aumento de la solidaridad es inseparable de una laboriosa rehumanización de nuestras grandes maquinarias tecnoburocráticas, de una reacción colectiva contra la mercantilización generalizada, y, naturalmente, de un renacimiento ético y cívico.

Hay que apostar por lo que hoy está contenido o reprimido. Hay estratos potenciales, reservas profundas de solidaridad en los individuos y en la sociedad; éstas se actualizan y surgen en cuanto hay un estímulo fuerte. Se desvanecen enseguida, pero el potencial y la reserva permanecen. Es cierto que el egoísmo es contagioso, pero la solidaridad también puede serlo.

Edgar Morin, La solidaridad y las solidaridades

El país, 26 de diciembre de 1993

No lo copio para decir que todos debemos ser unos santos (allá cada cual con su conciencia), sino para afirmar que en algunas cosas vamos hacia atrás como los cangrejos. Son los estragos de la vida moderna. Schopenhauer lo dijo más o menos así: la tecnología avanza, pero en lo esencial no avanzamos. Al contrario: retrocedemos.

Este artículo también explica el porqué de que hoy sea bastante difícil -excepción hecha de los estudiantes de la Complutense, como todos sabemos- que se dé algo como la revolución francesa, las revueltas comuneras, las revoluciones socialistas del siglo XIX o, sin ir más lejos, el motín de Aranjuez. Anestesiados por la estulticia, aletargados por el individualismo (matizado, claro; si le pasa algo a nuestra novia, o a nuestro mejor amigo, nos movemos, aunque no siempre), somos criaturas que nacen, consumen (y vuelven a consumir, y a consumir...), se reproducen y mueren.

 

 

mensajeJue 27 Mar, 2014 6:23 pm.

Gordo

9
Sexo:Sexo:Hombre

A mi el discurso de la pérdida de valores generales me parece súper gratuito y falaz. Es facilísimo de construir. Buscas unos ejemplos descontextualizados del pasado de los cuales nadie tiene experiencia. Los asocias con conductas o hechos, también descontextualizados actuales. Construyes un discurso en tono genérico y moralista utilizas el impersonal y no propones soluciones reales o realizables. El artículo que has copiado mezcla pinceladas de verdad con moralina afectada. Toda esa demagogia me parece refutable en cada párrafo y en para el fondo del artículo.

El primer párrafo en concreto no quiere decir nada en realidad:

Nuestro siglo está marcado por la decadencia de las viejas solidaridades entre las personas y el desarrollo de nuevas solidaridades de la Administración para con las categorías sociales
.


¿En qué basa esta afirmación?

La decadencia de la red de solidaridad y de ayuda mutua que constituía la gran familia -tanto en sentido vertical (de abuelos a nietos) como horizontal (vinculando a los miembros colaterales hasta los tíos abuelos y los sobrinos nietos)-, proviene evidentemente de la decadencia de esta gran familia.


No siquiera está claro que esa decadencia exista. Se habla de la decadencia de la familia desde que tengo memoria, otro discurso de esos. Muchos lo asocian con que la mujer trabaja, lo que da pie a otro tipo de discurso.


Del mismo modo, las solidaridades en los pueblos desaparecen con el fin del mundo campesino y la generalización del modo de vida urbano y suburbano.


¿Los pueblos son solidarios? ¿o es un lugar donde los vecinos te odían y envidian? No sé, yo veo más solidaridad ahora, a través de las redes sociales, la gente conoce realidades de otras personas y miles responden a necesidades de otros.

¿Y la conclusión?

Hay que apostar por lo que hoy está contenido o reprimido. Hay estratos potenciales, reservas profundas de solidaridad en los individuos y en la sociedad; éstas se actualizan y surgen en cuanto hay un estímulo fuerte. Se desvanecen enseguida, pero el potencial y la reserva permanecen. Es cierto que el egoísmo es contagioso, pero la solidaridad también puede serlo.

¿A quién va dirigido? ¿Quién tiene que hacer qué? blablabla si me preguntan

Cita:

No lo copio para decir que todos debemos ser unos santos (allá cada cual con su conciencia), sino para afirmar que en algunas cosas vamos hacia atrás como los cangrejos. Son los estragos de la vida moderna. Schopenhauer lo dijo más o menos así: la tecnología avanza, pero en lo esencial no avanzamos. Al contrario: retrocedemos.


¿Y esto último? es una afirmación que en el fondo no afirma nada. ¿En qué retrocedemos? ¿En solidaridad? ¿Qué quiere decir eso? El hacer una apreciación tan general hace que siempre sea cierta y falsa.

[Sobre el haber colgado este artículo, me parece una idea excelente, a pesar de que disienta o gracias a ello Ienaga. ]

Detrás de todo, además, hay un discurso exculpatorio y desresponsabilizante. La culpa de todos los males los tiene la sociedad o, el remedio recae en unos responsables políticos o sociales que no se comportan como debieran, normalmente en este tipo de artículos no se llega a ninguna conclusión aplicable a nada. Generalmente estos artículos(*), cuando les da por aterrizar algo a la vida real, lo único que hacen es pintar una realidad ideal pero no realizable, o por lo menos ellos no ponen cómo llegar a esa realidad. En estos momentos echo de menos(es un decir) el discurso marxista clásico que, aparte de la realidad deseada, proponía una manera de llegar a ella.

Sobre este tipo de discurso, y como este post va de citas, me quedo con esta conversación de la serie True detective:

- Cosas así no pasaban por aquí cuando yo era joven. La gente decía "señora" y "señor". Las familias permanecían unidas.
- Sí, así es como era, ¿eh?
- No todo el tiempo. Había más dignidad. No todo el mundo estaba en la calle, gritando sobre sus derechos.
- Bueno, si las cosas eran tan fantásticas, no habrían cambiado.
[...]
- Así que, ¿me estás diciendo que el mundo no está empeorando?
- Hoy he visto niños, todos de negro, maquillados, toda la cara llena de mierda. Todo es sexo. Clinton.
- Mira, a lo largo de la historia, apuesto a que todo hombre mayor ha dicho eso mismo. Y el hombre mayor muere,y el mundo sigue girando.



(*) Me refiero en general a artículos con exposición de pensamientos moralizantes, nostálgicos, a veces rimbombantes, y que otras apelan a grandes principios. Cuando apuntan a soluciones disparan al bosque, lo mismo que para responsables. Normalmente generan parálisis, enfado y frustración abstractas en el lector.

_______________________
We know who you are and we know where you live and we know there's no need to forgive
 

 

mensajeVie 28 Mar, 2014 1:03 am.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

Joder, Gordo, el primer párrafo es una introducción al asunto que explica someramente (porque un artículo no permite más que una exposición somera). ¿Lo has leído entero? Creo que ha explicado muy bien el porqué de que la antigua solidaridad haya desparecido: su sustitución por una solidaridad estatal -que él estima no inadecuada, sino insuficiente, burocrática e impersonal- y la conversión de una sociedad comunitaria en una sociedad moderna, urbana, de individuos más o menos aislados.

La decadencia de la familia no es en verdad el problema, al menos si suponemos que existen solidaridades entre otros grupos humanos. ¿Existe en el ámbito laboral, en el escolar, en algún otro? No como en el familiar. ¿Qué hay familias cuyos miembros se llevan a matar? Pues claro, pero eso no refuta la tesis principal, porque Mongin y otros consideran que en las familias, o, mejor dicho, en el seno de una sociedad comunitaria, hay menos problemas debido a los lazos sentimentales que vinculan a sus miembros; y, si los hay, se solventan como si fuesen "riñas de vecinos" (la expresión es de Juan Fuentes, un filósofo español).

Es irrelevante que la mujer trabaje o no. En todo caso, no se puede emplear este hombre de paja para desacreditar el pensamiento de Mongin, porque, que yo sepa, él es un declarado feminista. Lo digo para prevenir a posibles lectores -si es que alguien lee esto, que no creo... risa Lo relevante es que haya familia.

Sí, los pueblos son más solidarios que las ciudades, porque en ellos casi todos se conocen y entre ellos se establecen lazos comunitarios. Mi abuela decía que no hay cosa mejor que un vecino; y en el pueblo en que vivía la familia de mi madre había un enfermo mental a quien todos cuidaban con la supervisión del médico (huelga decir que, en una ciudad, ese enfermo mental no podría salir de su piso o directamente deberían confinarlo en una institución "especial", de trato más impersonal) ¿Qué hay malos rollos? Claro, pero, otra vez vuelvo a decirlo, eso no refuta la tesis de Mongin. Siempre hay problemas; se trata de que en cierto tipo de sociedad es más fácil el solventarlos. A eso se refiere Mongin. Por supuesto, algunos problemas no pueden solventarse; Mongin nunca negará esto, porque no es idiota. No propone algo utópico, sino algo mejor que lo que ahora tenemos.

Estoy de acuerdo en que le faltó proponer soluciones concretas. Las da en parte, y sólo en parte, el propio Juan Fuentes en esta entrevista que concedió a los alumnos de la facultad de Filosofía de la Complutense. Un adelanto: hay que fundamentar las políticas social y económica en la idea de la comunidad subpolítica, anterior al mundo moderno y a la creación de los estados nacionales, los cuales están, para Fuentes, dirigidos al dominio económico y a la producción desligada de las necesidades comunitarias esenciales. Porque es en el seno de los estados modernos (nacen mucho antes de la revolución francesa) donde, según él, se empiezan a deshacer los lazos comunitarios en virtud de intereses económicos que no son los de la comunidad. De esto se deriva una premisa económica que no se cumple en nuestras sociedades: la economía sirve a la comunidad, y no al revés.

La afirmación de Schopenhauer significa -Gordo, es una obviedad- que retrocedemos en solidaridad, comprensión, apoyo mutuo, etcétera. De hecho, Fuentes -no sé si también Mongin- piensa que la psicología no es una solución a los males, sino un síntoma de que las relaciones interpesonales no son lo que eran. ¿Sabes lo que recetan los buenos psicólogos cuando alguien presenta un cuadro de depresión? No prozak, sino salir con la pareja a cenar o irse de copas con los amigos; son las personas las que sirven como terapeutas. Pero en sociedades de individuos aislados -lee el texto que copié en el hilo de la película Crash, de Paul Haggis; es un tío que explica su experiencia en Los Ángeles-, ¿dónde están los verdaderos amigos?

Que la sociedad cambie no quiere decir que mejore; por poner un ejemplo, la sociedad alemana posterior a la república de Weimer, ya lo sabemos todos, fue un asco. Tampoco pienso -ni Mongin ni Fuentes lo piensan- que todo cambio empeore las cosas. Creo que en general estamos mal. En general, y no en todas partes del mismo modo.

 

 

mensajeVie 28 Mar, 2014 11:47 am.

Ienaga escribió:
hay menos problemas debido a los lazos sentimentales que vinculan a sus miembros


No podría estar más en desacuerdo: precisamente por eso, por esos lazos sentimentales totalmente irracionales que te unen a unos señores que te han tocado en el bingo, la familia es una de las instituciones más castradoras de todas las que existen, más que la iglesia, yo creo. Tu referente, la autoridad que marca el inicio de tu vida son unas personas con las que puede que no tengas nada que ver, que hasta puede que te odien y no te puedes escapar de eso porque son tus padres, hermanos, tíos o abuelos y los quieres y te sientes culpable y eres infeliz. Uy sí, una pena que eso decaiga. Y no hablo de casos aislados, conozco a poca gente que no tenga conflictos internos que le generen distintos grados de infelicidad debido a la relación con su familia.

Ienaga escribió:
Es irrelevante que la mujer trabaje o no. En todo caso, no se puede emplear este hombre de paja para desacreditar el pensamiento de Mongin, porque, que yo sepa, él es un declarado feminista. Lo digo para prevenir a posibles lectores -si es que alguien lee esto, que no creo... risa Lo relevante es que haya familia.


Hola, ¿qué tal? risa Me parece bastante acertada la apreciación de Gordo y no es para nada irrelevante, ese discurso de la pérdida de valores es muy socorrido para justificar ciertos pensamientos inmovilistas. Dicho esto, no sé quién es Mongin pero me encantaría leer alguno de los textos que haya escrito de los que se desprenda que es feminista, que no se lo discuto pero me gustaría.

Yo creo que este tío tiene nostalgia de un modo de vida que era objetivamente peor, la tecnología no es mala en sí misma ni nos vuelve más fríos ni nos incomunica por sistema, es como decir que debido a que hay atornilladoras mecánicas el ser humano ya no va a tener músculos, pues hombre, depende, todo depende de la voluntad de tenerlos, haz pesas. Esto entronca con el tema de la autorresponsabilidad de la que hablaba Gordo, echar la culpa de la insolidaridad a cosas intangibles y vagas como la tecnología o la perdida de valores (¿¿qué significa eso siquiera??) es una forma de evitar autoexaminarnos de forma individual y proponernos micro-actos que puedan suponer un cambio, porque eso de que hay reservas de solidaridad que pueden activarse y no sé qué...¿qué espera ese señor que pase para que se activen? Todo el mundo puede empezar a mover el culo desde ahora y asumir la responsabilidad de su vida y de su impacto en la vida de los demás, eso sería un comienzo. Respecto a la tecnología, de hecho, ha permitido que mucha gente que sí vivía sin apoyos e incomunicada por diversos motivos pudiera cambiar esa tendencia, me parece una banalidad y una irresponsabilidad ese discurso sobre los males de internet, por circunstancias he tenido que leer muchos estudios sobre personas en situación de acoso y riesgo de suicidio y uno de los más completos y clarificadores decía que muchas de estas personas han encontrado una vía de escape, han conocido a iguales, y ha obtenido apoyos y soluciones a través de internet a los que en su vida física tenían vetado el acceso.
Eso por poner un ejemplo, pero hay mil casos: las movilizaciones sociales en países como Egipto, por ejemplo.

De cualquier forma no veo porque individualismo ha de ser un opuesto a solidaridad, son dos conceptos perfectamente compatibles. Yo he vivido hasta los 18 años en un pueblo y jamás me he sentido más incomunicada y menos apoyada en toda mi vida que durante esos años, en esos momentos lo único que me mantenía cuerda era confiar en mi propio criterio. Es cierto que ciertos lazos y comportamientos de comunidad sólo pueden darse en círculos pequeños de personas pero puede pasar igual en las ciudades, te lo dice una persona que ha militado en asociaciones políticas de barrio aquí en Madrid.
Una amiga me hizo una vez una reflexión sobre el sentido de comunidad de los estadounidenses que creo que es más o menos el modelo de sociedad que desprecia aquí el colega. Es verdad que tienen cosas asquerosas pero su inclinación a ayudarse entre ellos es indiscutible. ¿Son menos individualistas?, no, pero son más responsables de sus actos, también es cierto que quizá les venga de un sitio chungo como la religión y su miedo a ir al infierno pero esa es otra historia...

Tanto que se preocupa este hombre de cómo hemos cambiado, creo que uno de los mayores problemas de la sociedad es precisamente el miedo al cambio, me parece normal porque es lo que nos han enseñado pero que se pueda explicar no significa que se deba justificar: queramos o no las cosas cambian, como mínimo te haces viejo y maniático y al final te mueres. Podríamos revisar todo pensando en eso y aceptar que las cosas han cambiado respecto a hace 100 años (afortunadamente) y aprovechar esos cambios en lugar de aprovecharlos para justificar nuestro inmovilismo, seguro que nos moveríamos más deprisa.

Para concluir yo diría que ya con el simple hecho de no ser un coñazo estamos siendo solidarios con los demás, lo decía Michi Panero. Hay que pelear duro por ese objetivo y con estos tochacos no sé si vamos por buen camino carcajada

_______________________
It's in your self interest to find a way to be very tender
 

 

mensajeVie 28 Mar, 2014 8:21 pm.

Abdelkrim

5
Sexo:Sexo:Hombre

L'enfer... c'est les autres

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Hay muertos que nunca mueren y vivos que no conocen la vida
 

 

mensajeVie 28 Mar, 2014 8:41 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

Babs, la sociedad comunitaria que proponen Mongin y otros no es algo idílico, insisto; y, por supuesto -otra vez-, siempre habrá problemas en el seno de las familias. Pero, Babs, si algún día te quedas sin trabajo, o te pasa algo grave, van a ser ellos quienes te ayuden. ¿O te piensan que lo van a hacer los miembros de otro grupo? ¿Los compañeros de trabajo? ¿Los amigos? Alguno habrá, por supuesto, pero quienes más van a ayudar son los familiares. Te lo digo por experiencia: uno sabe quienes son sus amigos cuando tiene un problema grave; y uno se da cuanta de que tiene muy pocos amigos, aunque la agenda del móvil esté llena de números. Al final está fundamentalmente la familia.

Claro que las familias constriñen muchas veces; son esos casos en que conviene dar un volantazo. Pero me parece que hoy la adolescencia se alarga -en las sociedades tradicionales no existía, por cierto-, y esos conflictos son más bien chorradas de críos. Curiosamente, yo conozco más casos de gente a gusto en sus familias que ha disgusto.

Gordo y tú mezcláis churras con merinas; el que se reivindique una sociedad comunitaria y no urbana, no quiere decir que no se respeten los legítimos deseos laborales de las mujeres. Esto es un claro hombre de paja. Al menos yo no veo la relación. Más bien me parece un prejuicio: "Este tío habla de la familia, luego tiene que ser contrario a los derechos de las mujeres". Pues no. Que las mujeres trabajen o hagan lo que quieran, pero que construyan vínculos de solidaridad. También debemos hacerlo los hombres.

¿Quién ha dicho que la tecnología es mala? Yo no. Schopenhauer probablemente se refiriera a la idea de progreso, de herencia ilustrada, que se seguía sintiendo durante las primeras décadas del siglo XIX y que culminaría en el positivismo. Sencillamente dice que sólo avanzamos en el ámbito tecnológico.

Egipto, Babs, es el tercer mundo, no una sociedad moderna urbanizada. Es decir, los lazos de solidaridad tradicional siguen existiendo. Pero primero habría que descartar que Estados Unidos no anduviera detrás...

El asunto no es tan sencillo como el reducirlo todo a la incomunicación. Nos comunicamos, claro, pero no hacemos nada por ayudar a los otros. Aunque el hecho de vivir en la ciudad y estar lejos de tus familiares, o el echo de que ahora haya follamigos, con quienes te acuestas y a otra cosa -no creo que sean todos malos: hay un fenómeno curioso que se llama poliamor-, el hecho de que los amigos sean muchas veces amigos de farras, y no verdaderos amigos... Pues, sí, hace más evidente la incomunicación; y si no te comunicas, es muy raro que ayudes o que estés cuando alguien te necesita.

Sí, las asociaciones de barrio están muy bien; precisamente son el resultado del impulso que propone Mongin.

¿Cómo que cosas intangibles? ¿De verdad pensáis que Mongin habla sobre cosas intangibles. Supongo que no habréis tenido tiempo de leerla (o ni la leeréis), pero en la entrevista que he enlazado Fuentes tampoco habla de cosas intangibles.

¿Tu amiga había vivido en Estados Unidos? ¿Son más responsables de sus actos? ¿Una nación que ni tan siquiera tiene un sistema sanitario gratuito como la seguridad social? Es decir, ni tan siquiera tienen esa impersonal solidaridad estatal que Mongin considera insuficiente... Sí, muy solidarios, sí, especialmente cuando ven el In God We Trust de los dólares. Me parece que estáis equivocadas con respecto a Estados Unidos.

Vuelvo a repetir que los cambios son sólo cambios; el cambio no es bueno por definición. Uno no puede aceptar cualquier cambio a las bravas. Tu opinión, habida cuenta de que hemos soportado nazismos, estalinismos, dictaduras de Pinochet, y ahora estamos soportando "cambios económicos" que acogotan a los ciudadanos, es tan peligrosa como el inmovilismo que le reprochas a Mongin.

Ya acabo, ya. Es verdad que hay que buscar un equilibrio entre lo individual y lo colectivo, pero eso no significa que los lazos solidarios deban desaparecer, a no ser que en el seno de una comunidad a uno le hagan la vida imposible; cosa que es sólo una posibilidad, no la definición de lo que es vivir en comunidad. No soy un beato comunitarista, ni mucho menos, pero me parece suicida negar que nuestro mundo es bastante insolidario.

Y, por cierto, tus hijos y nietos, si es que quieres tenerlo, suscribirán la frase de Panero. Cuando seas una encantadora viejecita, irás dando la tabarra a todo el mundo. No veas tú lo coñazos que son los viejos. carcajada sonrisa Pero seguro que preferirás sentirte acompañada por ellos.

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(Moulin Rouge)

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