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Cinépatas.com:  Foros de cinépatas:  Cultura y espectáculos

Extractos de libros

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mensajeVie 28 Mar, 2014 9:32 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

Por cierto, como soy un despistado, he estado escribiendo mal el nombre del filósofo. Es Edgar Morin, no Mongin. Mongin es el apellido de otro filósofo francés: Olivier Mongin.

 

 

mensajeLun 07 Abr, 2014 12:13 am.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"El triunfo de las ciencias positivas en el siglo XIX y la incapacidad de la filosofía idealista para resolver los problemas del mundo físico trajeron el descrédito de la especulación filosófica en el campo científico: los físicos, químicos, biólogos y hasta psicólogos se jactaron de ignorarla y aun de detestarla. En esa época pareció que para investigar la realidad bastaba con pesar, tomar temperaturas, medir tiempos de reacción, observar células a través de un microscopio. Se originó un tipo de físico que sólo tenía confianza en cosas como un metro o una balanza y que despreciaba la filosofía; y esta tendencia se extendió hasta alcanzar a hombres alejados de la ciencia, pero que admiraban su precisión (Valéry). El Dios de los filósofos ha imaginado un castigo para los que hablan mal de la filosofía, incluyendo a Valéry: que esas habladurías sean también filosofía, pero mala. A estos físicos les pasó lo que a esos campesinos que no tienen fe en el banco y guardan sus ahorros debajo del colchón, que es un banco menos seguro: si se analiza la estructura en que hacían descansar sus observaciones se descubre que no era cierto que no tuvieran una posición filosófica: tenían una muy mala. La falta de un criterio epistemológico les hacía aceptar sin cautela artículos de discutible calidad, bajo la creencia de que un buen instrumento no podía dar un producto execrable. Basta pensar con qué paz un físico de esta clase creía no hacer especulaciones filosóficas cuando medía un tiempo con un reloj; no obstante, se basaba en una hipótesis metafísica —el tiempo absoluto— que invalidaba todos sus resultados experimentales. Ignoraba que un reloj puede ser más peligroso que un tratado de metafísica."

Ernesto Sabato, Uno y el universo

Aunque el autor renegó de él, o al menos afirmó que había cambiado de opinión sobre ciertos asuntos, el libro es una excepcional introducción a los problemas de la filosofía y la ciencia.

Este extracto, que pertenece al artículo Porvenir de la ignorancia (el libro se divide en artículos ordenados alfabéticamente, a la manera de las enciclopedias), insinúa lo que algunos no acaban de entender: la filosofía es sencillamente el pensamiento humano; o sea, el tronco del que brotan todas las ramas.

 

 

mensajeMar 08 Abr, 2014 12:31 am.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Hoy los hombres tienden a cohesionarse masivamente para adecuarse a la creciente y absoluta funcionalidad que el sistema requiere hora a hora. Pero entre la vida de las grandes ciudades, que lo sobrepasan como un tornado a las arenas de un desierto, y la costumbre de mirar televisión, donde uno acepta que pase lo que pase, y no se cree responsable, la libertad está en peligro. Tan grave como lo que dijo Jünger: “Si los lobos contagian a la masa, un mal día el rebaño se convierte en horda”.

Ernesto Sábato, La resistencia

Hay mejores lecturas para antes de irse uno a dormir, pero al menos Sabato te hace pensar, algo raro en estos días.

Yo más bien diría que hoy los hombres pasan de todo; es lo que Benjamin Constant llamó la libertad de los modernos. Quien haya estado en una reunión de vecinos me dará la razón; el pasotismo es extremo incluso en adultos. La gente sólo quiere vivir y, cuando se tercia, exclaman: "¿Qué hay de lo mío?".

De Ernst Jünger me han recomendado Sobre el dolor; el título anuncia que la lectura no será agradable...

 

 

mensajeMar 08 Abr, 2014 10:33 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras."

Ernesto Sábato, La resistencia

"Puestas así las cosas tenemos argumentos para descartar la teoría de las imágenes. Ésta comienza dividiendo el mundo en dos partes, la mente o la conciencia por un lado y los objetos extramentales por otro, y afirma que en la conciencia hay una imagen que representa el objeto extramental. Pero en contra de esto podemos afirmar el hecho descriptivamente cierto de que la percepción de la mesa sobre la que escribo no es la percepción de una imagen de la mesa sobre la que escribo, sino de la mesa misma. Y al revés: también ocurre que cuando percibo una imagen sé que estoy percibiendo una imagen, por ejemplo tal cuadro o tal fotografia. En definitiva, el ser, en general, signo, corresponde a algunos objetos, precisamente a aquellos que son signos, pero no a todos los objetos. El empirismo de Locke, en cambio, se empeña en afirmar que todos los objetos de la conciencia son signos."


Juan Antonio Valor, El empirismo y su método

O, como el mismo autor expresó en cierta ocasión: "Locke nos metió en Matrix." Maldito seas, Locke.

Curioso término el de empirismo: designa, aunque muchos no lo sepan, una filosofía lunática que, al parecer, se estudia muy mal en el bachillerato.

 

 

mensajeDom 20 Abr, 2014 7:50 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Este mundo del final de siglo, que convida a todos al banquete pero cierra la puerta en las narices de la mayoría, es al mismo tiempo igualador y desigual. Nunca el mundo ha sido tan desigual en las oportunidades que brinda, pero tampoco ha sido nunca tan igualador en las ideas y las costumbres que impone. La igualación obligatoria, que actúa contra la diversidad cultural del bicho humano, impone un totalitarismo simétrico al totalitarismo de la desigualdad de la economía, impuesto por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros fundamentalistas de la libertad del dinero. En el mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único mundo posible no hay pueblos, sino mercados; no hay ciudadanos, sino consumidores; no hay naciones, sino empresas; no hay ciudades, sino aglomeraciones; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles."

Eduardo Galeano, La escuela del crimen
El país, 11 de julio de 1996

 

 

mensajeMar 29 Abr, 2014 12:33 am.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"El arte japonés sobresale en el arte de estimular y excitar la imaginación al disimular el objeto de deseo."
(...)
"En Europa, la verdad reside en aquello que se descubre, es la aletheia, mientras que en Japón lo más importante es lo que está escondido. Bien es verdad que el desnudo no accederá a su propio valor si no es bajo la ropa."

Hisayasu Nakagawa, Introducción a la cultura japonesa

Tenía razón Jun'ichiro Tanizaki cuando afirmó en El elogio de la sombra que el arte japonés es superior al occidental. Es una pena que Friedkin y los pornógrafos no hayan leído a estos dos autores.

El librito de Nakagawa es una maravilla. Entre las cosas que diferencian a los japoneses de los occidentales se da el hecho, de ningún modo intrascendente, de que el sintoísmo y el budismo no reconocen dioses creadores: la naturaleza se hace a sí misma. Por lo tanto, los conceptos de voluntad, de sujeto y de yo se difuminan en los japoneses, hasta el punto de que es el contexto el que se impone de forma natural con independencia de la voluntad y del individuo. Esto tiene sus cosas buenas (sentido de comunidad, objetivismo, cierto carácter estoico) y sus cosas malas (uniformidad social, fatalismo asociado a la percepción de la historia como algo independiente de la voluntad, sumisión, mesura).

Dice Nakagawa en una de las partes más bonitas del libro que en no sé qué película, una enfermera, para comunicar su amor por otro personaje, exclame: Suki desu. Es decir, "te quiero"; o, más exactamente: el amor que siento es tan objetivo, pertenece a la situación, que debo ocultar mi individualidad: no es "TE quiero (el sujeto se diluye), sino algo así como "el amor está aquí, flota en el ambiente; se impone a mi voluntad". La polla. Libro imprescindible para salir de nuestras categorías judeocristianas, aunque sólo sea por un par de horas.

 

 

mensajeJue 01 May, 2014 6:37 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era solo por eso que fornicaban en los umbrales."

Mario Benedetti, Su amor no era sencillo

risa

 

 

mensajeSab 03 May, 2014 6:11 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"ISMENE.- Pero es que, ya por principio, no procede perseguir lo imposible.
ANTÍGONA.- Si vas a razonar así, yo te odiaré, y odiada por el muerto serás y con justicia. (...)"
(...)
"ISMENE.- Por favor, hermana, no me prives del honor de morir contigo y de santificar, así, al muerto.
ANTÍGONA.- ¡Nada de morir junto conmigo ni tampoco de tomar como tuyo aquello en lo que no interviniste para nada! ¡Bastará que muera yo sola!
ISMENE.- ¿Y qué vida hay grata para mí si me veo privada de ti?"


Sófocles, Antígona

Una pasada.

La traducción está incluida en un volumen de Cátedra -me ha costado casi cuarenta euros, pero los he pagado con gusto, la verdad- que incluye todas las tragedias conservadas de los tres grandes tragediógrafos de la Grecia clásica: Esquilo, Sófocles y Eurípides. A pesar del precio, imprescindible.

 

 

mensajeJue 08 May, 2014 1:01 am.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Todo el que haya asistido a debates filosóficos, o a debates teóricos, morales o estéticos donde se mezclan problemas filosóficos [o a debates en Cinépatas], habrá comprobado qué papel suele jugar el relativista o el subjetivista o el escéptico. Se trate de lo que se trate, y por más apasionante y trascendente que les parezca el diálogo a los participantes, el relativista tiene la misión de mostrar que no hay tema, y que esa discusión no es, en el fondo, más que un diálogo de besugos o un intercambio de gritos. Las personas que creen que la mujer es al hombre lo que el cuerpo a la cabeza, tienen tanta legitimidad objetiva como quien piensa que todas las personas son, en cuanto seres racionales, iguales en derecho independientemente de su sexo u otras condiciones irrelevantes para su condición de racionales: porque, en verdad, nada es bueno ni malo, mejor ni peor. Si hay personas que creen que la “música clásica” es un aburrimiento, o que la música tradicional del Japón es ruido, la sugerencia de que quizás son unos ignorantes musicales no es más que la pataleta del que intenta imponer sus gustos a los demás. Y hasta la afirmación de que las personas que creen en la magia están equivocadas, no es más que una expresión de chovinismo y desconocimiento de la única verdad: que no hay Verdad. Invirtiendo el dicho de Antonio Machado, “la Verdad no, tu verdad” (o, más bien, “mi verdad”).

[B]Es probable que, para consolarnos, el relativista acceda después a darnos una palmadita en el hombro y nos diga que, por supuesto, podemos seguir hablando de lo que estábamos hablando (él mismo lo hace con toda naturalidad, cuando no está ejerciendo de filósofo), siempre que los que lo estábamos haciendo queramos (o no tengamos más remedio que) seguir inmersos en la misma ilusión conjunta, o siempre que tengamos ese “acuerdo” (lo cual para algunos es, incluso, el colmo de un espíritu democrático y tolerante). [/B]Esos son los momentos en que el relativista (con otros filósofos) cree que la filosofía lo deja todo como está, porque lo mismo nos da estar en la realidad que en una ilusión inevitable. Pero, si es así, ¿qué interés tiene, entonces, afirmar la propia tesis relativista? En realidad, él no cree, en otros momentos, que su teoría deje las cosas como están. Y tiene razón. No las deja como estaban, las deja vacías. Nadie quiere estar en una ilusión inevitable, ni luchar por algo que, incluso para uno mismo, está en el fondo tan justificado como lo contrario. Es parte esencial de lo que es un ser racional buscar lo que realmente vale, saber o creer que está en la realidad, y no en un mundo virtual auto-fabricado. El efecto que provoca el relativismo, si es tomado en serio, es el desfondamiento completo de cualquier discusión. Para mí, desde luego, si el relativismo tuviese argumentos convincentes, haría irracionales todas las discusiones a las que afectase. De él solo sabría deducir una completa indiferencia, como la que creían muy saludable los escépticos antiguos y ciertas escuelas budistas, por ejemplo. Racionalmente, igual daría estar muerto que vivo, consciente que inconsciente."

Juan Antonio Negrete Alcudia, Por qué hay que rechazar el relativismo. Panfleto filosófico

 

 

mensajeJue 08 May, 2014 1:09 am.

Solimán

6
Sexo:Sexo:Hombre

"He renunciado, desde hace tiempo, a todas mis direcciones y participaciones industriales para comprarme la cosa más cara -en sentido económico y moral- del mundo: la libertad. Un lujo que no está al alcance, hoy, ni siquiera de un simple millonario. Supongo que soy uno de los cinco o seis hombres aproximadamente libres que viven en la Tierra."

Giovanni Papini,
Gog

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http://ow.ly/AKM21
 

 

mensajeJue 08 May, 2014 2:30 pm.

Quint

3
Sexo:Sexo:Hombre

"Non vi sed saepe cadendo, era una de sus frases favoritas (...)"

El Señor de Ballantrae, R.L. Stevenson

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Eastwood fan : ''You are the greatest, Clint''
 

 

mensajeMar 27 May, 2014 8:24 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

“El solano traía un dulce y pegajoso olor a tormenta. El solano aumenta el celo en las vacas toriondas. El solano quema la mies en los mediados de junio. El solano llega hasta las tormenteras de la sierra y allí anida haciendo nubes que luego ruedan hacia el llano, en contratormenta, con los vientres hinchados de granizo. El solano hace que peleen los machos cabríos y desgracia el ganado por las barrancadas. El solano, a los enfermos de pecho les quita el apetito y les acaricia el sexo, los acerca la muerte. El solano corta la leche de los ordeños, pudre los frutos, infecta las heridas, da tristura al pastor, malos pensamientos al cura. El solano es como huelgo de diablo fino. El solano traía el dulce, pegajoso en inquietante olor de tormenta.”

Ignacio Aldecoa, Con el viento solano

 

 

mensajeMar 27 May, 2014 8:39 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"Desde los años sesenta del pasado siglo hasta la quiebra que estamos viviendo, la palabra posmodernidad ha designado toda una época en la historia de Occidente, una especie de epílogo que habría tornado líquido el carácter sólido de la modernidad clásica, según Zygmunt Bauman, y hasta gaseoso, de acuerdo con la más sugestiva metáfora que en su Manifiesto Comunista propusieron Marx y Engels. La modernidad capitalista, vinieron éstos a decir, se distinguía porque todo lo que había sido o parecido firme se desvanecía en el aire; proceso de sublimación que se precipitó una centuria después, cuando la prosperidad subsiguiente a la hecatombe mundial trajo consigo —junto con otros factores— un nuevo espíritu del tiempo. De la moral puritana se pasó al ethos individualista y hedonista; del auge de los ídolos a su solo aparente crepúsculo; de la sucesión de estilos puros a su promiscuidad; de las utopías que buscaban la consumación del futuro al culto a la consumición del ahora; y de la reverencia a la Verdad una y mayúscula, en fin, a la coexistencia de verdades relativas, minúsculas y plurales.
En 1979, J.F. Lyotard ofició el bautizo de la época recién nacida, tomando prestado el vocablo de la jerga arquitectónica: confrontada a la seriedad y la coherencia, la conciencia social y la subordinación de la forma a la función propias de la arquitectura moderna —la de Lloyd Wright, Le Corbusier o la Bauhaus—, la arquitectura posmoderna sería estetizante, incoherente y jovial, ecléctica y sincrética incluso, mucho menos atenta a la función que a la forma y su embrujo. El despilfarro abigarrado y kitsch de Las Vegas fue ensalzado, por Robert Venturi, como el rutilante emblema de esa arquitectura; metáfora a su vez de la entera época que culminó hacia 1990, cuando el neocon Francis Fukuyama decretó el presunto "fin de la Historia" y el triunfo sempiterno del capitalismo.

Con sustancial razón, Lyotard observó que el rasgo más distintivo de tal posmodernidad era la caída de las grandes narrativas que habían sustentado el edificio moderno, esto es, de las ideologías emancipadoras que lo habían inspirado desde, cuando menos, la Ilustración de Kant y Voltaire hasta la ufana década de 1960. El derrumbe apenas dejó títere con cabeza. En primer lugar, el milenario relato cristiano de la emancipación redentora devino en asunto de elección personal, y ya no en dogma de fe obligatorio, en un Occidente embriagado por la secularización, la libertad sexual y la tecnolatría. En segundo lugar, el relato ilustrado de la emancipación de la ignorancia y la servidumbre por la educación y la Razón había sufrido una doble erosión, debida por un lado a los totalitarismos generados en la culta Europa, y por otro al creciente dominio de una razón crudamente instrumental que, más allá de la esfera económica, estaba engullendo múltiples vertientes de la vida pública y privada. En tercer lugar, el relato liberal-burgués que prometía la emancipación de la pobreza gracias al mercado libre fue cuestionado por la flagrante desigualdad en la distribución de la riqueza —dentro de los Estados y entre ellos—, y por un expolio medioambiental que empezó a hacerse patente por entonces, sobre todo cuando el Club de Roma alertó sobre los límites del crecimiento. Y por último, el gran relato marxista de la emancipación de las mayorías mediante la socialización de los recursos —de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad: esa auroral utopía que había galvanizado el mundo— resultó en fosca distopía cuando la doble caída del Muro de Berlín y la URSS revelaron el horror del estalinismo, décadas antes denunciado por pensadores como Camus, Merleau-Ponty o Koestler.

La posmodernidad que resultó de semejante hundimiento muestra, vista con perspectiva, un saldo plural de virtudes y defectos, como cualquier época histórica. Entre las virtudes se cuenta la extensión de las libertades, garantías y derechos; el medro de las clases medias y el acceso al confort y al consumo de una porción de las subalternas; el reemplazo de las rígidas ortodoxias por la heterodoxia y el relativismo; la relajación de los tabúes y los dogmas, así como la atmósfera de tolerancia y pluralidad asociada a la vida urbana. Por vez primera en la historia, millones de personas otrora desposeídas se sentían llamadas a sentarse a la mesa de los escogidos, en alas del Estado-providencia y, ante todo, de un Progreso en apariencia imparable. A finales de los años noventa, cuando tamaño ensueño culminó, Europa y el sedicente "Primer Mundo" semejaban un balneario de instalados y rentistas, cuyos inexpugnables muros contenían el oleaje de la planetaria indigencia.

Entre las carencias y defectos de la posmodernidad, no obstante, debe incluirse la desactivación del talante y del talento críticos, tan patente en los ámbitos pedagógico y político. O la tendencia a orillar la problemática del mal en aras de un narcisismo que atrofia los vínculos solidarios, fomenta la desafiliación e induce el "declive del hombre público", en palabras de Richard Sennet. O el relevo de la ética del ser por la del tener, espoleado por un consumismo basado en la creación de necesidades y deseos superfluos. O la sustitución de las ideologías continentales por un archipiélago de islotes ideológicos ––feministas, ecologistas, poscolonialistas o identitarias––, tan dispersos que se muestran incapaces de enfrentar la tecnoburocracia globalizada. O la anemia de un pensamiento de izquierdas confinado al reducto erudito, que a fuer de servil resulta inofensivo e inane.

Añádanse a tales penurias otras de comparable fuste, a fin de otear el paisaje. Así, la rampante mercantilización de la práctica totalidad de los ámbitos sociales, incluidos los de tenor espiritual y artístico. Y la erosión de la frágil secuencia temporal humana en una época señalada, en palabras de Fredric Jameson, por no saber ni querer pensarse históricamente. Y la proclividad, alentada por la sociedad del espectáculo, a la trivial estetización de la economía y la política, de la ética y la ciudad, del cuerpo y los sentimientos, de la naturaleza y la guerra. Y la irresponsabilidad de buena parte de los ciudadanos, que a su condición de súbditos que se ignoran —de una democracia carcomida por la demagogia, la corrupción y el decisionismo, por cierto— añaden el desvarío de sentirse cómplices del mismo sistema que los sojuzga, como se echa de ver en este trance aciago. Y, en fin, la miopía de unas generaciones que se han creído propietarias de un presente pletórico y eterno, una utopía del ahora y el aquí que ha hipotecado el porvenir de las futuras.

De unos años a esta parte, sea como fuere, esa ambivalente posmodernidad da muestras de patente agonía, arrancada de su quimera jovial por una cadena de seísmos en los que Occidente se juega el bienestar que le queda, amenazado extramuros por una globalización que está desplazando hasta ambas orillas del Pacífico los centros de control y riqueza. Y amenazado también, intramuros, por el casi unánime delirio de opulencia que nos ha emplazado ante el precipicio: ideológica, política y éticamente desarmados cuando más urgente resulta disponer de criterios para conducirnos con tiento, conciencia y temple, inspirados por esa antigua sabiduría humanista que sugiere la autolimitación y la mesura. Es hora de despabilar: la posmoderna mojiganga ha terminado. La crisis epocal que atravesamos está teniendo ya, junto a su cohorte de efectos indeseables, el deseable de conjurar la bobería política, ética y estética que por desgracia colea aún. Y también el de urgirnos a rehabilitar la plural herencia del Humanismo y la Ilustración en este nuevo tiempo penumbral, a fin de tornarnos lúcidos y éticos, sobrios y solidarios, cívicos y compasivos. Con las debidas cautelas, será menester poner al día los viejos idearios de emancipación y concebir otros de cuño actualizado y distinto, porque al despertar la modernidad capitalista sigue todavía aquí, aunque más desregulada, ensoberbecida y digitalizada que nunca.

Luís Duch, Albert Chillón, La agonía de la postmodernidad
El país, 25 de febrero de 2012

Tengo ciertas sospechas sobre los autores, pero estoy de acuerdo con lo que dicen en este artículo.

Como a ellos, a mí el hombre postmoderno me da mucho repelús. Los ilustrados también reclamaban la igualdad. Mucho antes, los cristianos, cuando el naciente cristianismo no era lo que es hoy (ese "todos somos hijos de dios" fue en el Imperio romano una proclama de libertad e igualdad, y yo, ateo recalcitrante, soy capaz de reconocerlo). Mucho antes los cínicos, quienes pidieron la abolición de la esclavitud en la Grecia helenística. Todos ellos no necesitaron darse a esas tendencias guays que encierran paradójicamente lo peor de la condición humana.

También es justo reconocer, como hacen los autores, las cosas buenas que caracterizan a la postmodernidad. A mi juicio, son escasas y ambiguas.

 

 

mensajeDom 01 Jun, 2014 11:27 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

"La capacidad de pensar abstractamente es una conquista colosal del intelecto humano. No sólo la ciencia “pura”, también la ingeniería sería imposible sin el pensamiento abstracto, que nos eleva por encima de la realidad inmediata y finita del ejemplo concreto y da al pensamiento un carácter universal. El repudio del pensamiento abstracto y de la teoría indica un tipo de mentalidad estrecha y filistea que imagina ser “práctica”, pero que en realidad es impotente. En última instancia, los grandes avances en la teoría llevan a grandes avances en la práctica. Sin embargo, todas las ideas se derivan de una u otra manera del mundo físico y, en última instancia, se aplican de nuevo a éste. La validez de cualquier teoría, antes o después, se tiene que demostrar en la práctica."

Ted Grant y Alan Woods, La lógica formal y la dialéctica

 

 

mensajeSab 14 Jun, 2014 5:45 pm.

Ienaga

6
Sexo:Sexo:Hombre

Año 1911:

Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.

Pío Baroja,
Las inquietudes de Shanti Andía

Año 2014:

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